[ 020 ]
De la pericia en el arte del disfraz
El reformismo socialdemócrata consiste en un montaje-simulacro de ‘partido de izquierda’ (según las malas lenguas: 'izquierda de pacotilla') que se esfuerza por disimular no ya el asumido –desde hace más de un siglo (*)–, abandono de cualquier vía revolucionaria (ya saben, para acabar con las injusticias, la pobreza de los que trabajan y su explotación y opresión), sino su definitiva ‘mudanza’ a las filas del capital (ya saben, los que viven del trabajo ajeno). Claro está que tal traición no se hace evidente en el plano de la retórica parlamentaria y la propaganda electoralista, pero sí se puede constatar en las más opacas prácticas del trapicheo político y en su lucrativa contribución a la ‘gestión del capitalismo’.
(*) Kautsky (el renegado) escribió en 1893:
«La socialdemocracia es un partido revolucionario, pero no es un partido hacedor de revoluciones. Sabemos que nuestros objetivos sólo se pueden alcanzar mediante una revolución, pero también sabemos lo poco que está en nuestras manos hacer una revolución.»
*