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lunes, 17 de agosto de 2026

 

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FIDEL, 100 AÑOS DE UN REVOLUCIONARIO Y UN HOMBRE BUENO.

Luis Casado

 

 


 

 

El escritor chileno Luis Casado recuerda los 100 del nacimiento de Fidel Castro relatando el encuentro del líder latinoamericano con el líder de las Panteras Negras, Malcolm X, en un Hotel de Harlem, Nueva York

 

Afuera se agolpa un gentío de periodistas, policías, simpatizantes, hermanos de la comunidad y también de simples curiosos del barrio que quieren presenciar el acontecimiento. Adentro, en un cuarto apenas alumbrado y lleno de humo de tabaco, dos personajes intercambian sus ideas como pueden, en dos lenguas distintas, con historias disímiles pero con enemigos similares y luchas paralelas.

 

«Mientras el Tío Sam esté contra ti, sabrás que eres un hombre bueno», le dice de forma irónica Malcolm X a Fidel Castro.

 

Ninguno de los personajes necesita de mayores presentaciones. Es la noche del 19 de septiembre de 1960. El lugar: un hotel humilde en el barrio del Harlem, al norte de Manhattan. Se trata de un barrio obrero, popular, muy al margen de las luces de la Quinta Avenida. Allí conviven «los negros y los latinos». En el Harlem tendrá lugar un torbellino de sucesos que pondrán a «la Historia» junto a las pequeñas historias, con un escenario de cuartos pequeños, bombillas tenues y cortinas de flores desteñidas.

 

Fidel se encontraba en ese entonces en Nueva York para participar por primera vez de la Asamblea General de las Naciones Unidas. La Revolución Cubana tenía un año y pocos meses de haber derrocado a la dictadura de Fulgencio Batista y de haber iniciado un proceso de transformaciones nunca antes visto en aquella isla caribeña. Por esos mismos días la Revolución anunciaba la intervención de la banca estadounidense y el traspaso del Canal 6 a manos del Estado. El gobierno norteamericano, mientras tanto, declaraba una guerra abierta contra las nuevas autoridades en La Habana y lideraba una feroz campaña de desinformación contra Cuba y su proceso de cambio.

 

Como Primer Ministro y en tanto presidente de la delegación cubana, Fidel era el foco de todas las operaciones de la prensa y de la política norteamericanas. Aunque su traje verde oliva, su barba montuna y su carisma inocultable lo convertían en un suerte de rockstar en medio de las delegaciones tradicionales de los países occidentales, por lo general circunspectas y vestidas de traje. Pese a la campaña sucia y a la estigmatización gubernamental, cientos de personas acudieron el 18 de septiembre de 1960 al Aeopuerto Idlewild —hoy Aeropuerto Internacional John F. Kennedy— para presenciar el arribo del avión del comandante en jefe de las fuerzas rebeldes.

 

Una vez allí, se manifestó de inmediato la decisión del gobierno norteamericano de humillar a los delegados revolucionarios. Los distintos hoteles próximos a la sede de la ONU comenzaron a poner excusas, exigiendo incluso el pago por adelantado de más de veinte mil dólares para recibir a la exigua delegación cubana. «Diles que son unos bandidos», enfatizó Fidel en respuesta al requerimiento desmedido del Hotel Shelburne. Inmediatamente ordenó al capitán Núñez Jiménez que comprara tiendas de campaña. «Si no encontramos hotel, acampamos en el jardín de las Naciones Unidas», aseguró. Los mismos hoteles que a menudo recibían a dictadores, narcotraficanes y mafiosos cerraban las puertas a los jóvenes dirigentes invitados, por derecho propio, a asistir a una de las más importantes citas de la diplomacia internacional.

 

El Hotel Theresa, en el centro del Tercer Mundo

 

Raul Roa Kourí, uno de los diplomáticos más jóvenes de la delegación, sabía de la invitación a un hotel de la comunidad negra y había comentado, como al pasar: «tengo un hotel en el Harlem». Cuentan que entre la urgencia de los preparativos y las reuniones, Fidel lo escuchó recién a la segunda o tercera vez: «¿en el Harlem, en el barrio de los negros y los puertorriqueños?», preguntó intrigado. Unas horas más tarde la caravana ingresaba al hotel entre una multitud que se había movilizado para darle la bienvenida al líder cubano. Estaban todos: los hermanos de la comunidad negra, los borinqueños, los cubanos migrantes del Harlem, todos.

 

El Hotel Theresa se ubicaba en el corazón del barrio. No era un hotel internacional y con suerte arañaba las tres estrellas. Sus dormitorios sencillos estaban amueblados con una o dos camas y algún que otro sillón. Afortunados fueron los miembros de la delegación que pudieron acceder a un escritorio y un par de sillas. Las imágenes de la época muestran no solo la fachada y el interior del hotel, sino también a la policía de Nueva York desplegada para contener al gentío entusiasta: no fueron pocos los agentes que aprovecharon para desquitar su odio racial, golpeando a varios de los simpatizantes del evento.

 

Fidel Castro alborotaría la «Gran Manzana» durante varias jornadas. Como había sido segregado de muchas de las reuniones oficiales, no tardó demasiado en construir su propia agenda y volverse el centro gravitacional de la política tercermundista en el corazón del imperio. Con su nueva sede en Harlem, la delegación cubana fue una fuente inagotable de dolores de cabeza para los organizadores de la ONU y el gobierno de Estados Unidos. El Hotel Theresa se convirtió en la sede oficiosa de varias cumbres históricas, desarrolladas en apenas unos pocos días. Fue en sus salones que Fidel se reunió con Jawaharlal Nehru, el célebre líder independentista y primer ministro de India: conocidas son las fotos de ambos, con las rodillas enfrentadas, leyendo una revista.

 

Otro de los ilustres visitantes fue el referente del nacionalismo árabe, el egipcio Gamal Abdel Nasser, a quien Fidel recibió entre risas y abrazos en la acera del hotel, en medio del recelo de la policía y la curiosidad de la prensa.

 

Pero el acontecimiento más destacado —y sin lugar a dudas algo surrealista— fue la llegada al Hotel Theresa del líder soviético Nikita Khrushchev. A esas alturas el cubano ya oficiaba de anfitrión en su propia casa. Nikita y Fidel caminaron juntos por la calle y se mostraron sonrientes en el hall del hotel. Los únicos que no sonreían eran los agentes de la policía local, que se debatían entre la tarea de velar por la seguridad de los altos comisionados y el deseo de apalearlos por comunistas, en sintonía con las doctrinas macartistas de la Guerra Fría.

 

Fidel Castro y Malcolm X

 

Fue en ese mismo escenario que se produjo el encuentro histórico entre Fidel Castro y Malcolm X, en ese entonces dirigente de la Nación del Islam, una organización política y religiosa de gran influencia y predicamento entre la comunidad afrodescendiente norteamericana. Comunidad que se encontraba en un proceso de alza en la lucha por sus derechos, y en pos de revolucionar a una sociedad de consumo racista y capitalista.

 

Ralph D. Matthews, un periodista afín a «los hermanos», fue uno de los pocos que pudo presenciar aquel encuentro y es en parte gracias a su artículo para el semanario New York Citizen-Call que podemos rescatarlo del olvido intencional de los medios monopólicos. Matthews cuenta que el comandante en jefe y el ministro —tal era la jerarquía del Malcolm X en su organización— se sentaron en el borde de la cama de un cuarto pequeño, como dos viejos amigos que se encuentran para ponerse al día después de mucho tiempo sin verse. La cercanía de los dos protagonistas no solo era ideológica: estaban literalmente pegados, en un cuarto a reventar por la aglomeración de diplomáticos, periodistas y revolucionarios.

 

El líder de la flamante Revolución Cubana intentaba no entrometerse en los asuntos internos de Estados Unidos, consciente del precario equilibrio de fuerzas del proceso que se desarrollaba a escasas millas del imperio más poderoso del planeta. Cabe mencionar que Cuba aún no había sido invadida en las costas de Playa Girón, ni había pronunciado la Segunda Declaración de La Habana que formalizaría su carácter socialista. Por eso Fidel buscaba llevar la conversación hacia el otro lado del Atlántico, prestando especial atención a la situación del Congo. Mientras Malcolm X respondía con una gran sonrisa al escuchar el nombre de Patrice Lumumba, Castro alzó la mano solemnemente y se comprometió a defender su caso.

 

En su alegato frente a la Asamblea General de la ONU, África ocupó un lugar de relevancia: «Esa África que se yergue aquí con líderes como Nekruma y Sekou Touré, o esa África del mundo arábigo de Nasser, esa verdadera África, el continente oprimido, el continente explotado, el continente de donde surgieron millones de esclavos, esa África que tanto dolor lleva en su historia, a esa África, con esa África tenemos un deber: preservarla del peligro de la destrucción. Compensen en algo los demás pueblos, compense en algo el Occidente de lo mucho que ha hecho sufrir al África».

 

Tanto el cubano como el afroestadounidense entendían bien que la democracia blanca de Estados Unidos había sido fundada y se sostenía a través de la violencia, y que la misma que se ejercía hacia los pueblos colonizados del sur era la que se descargaba sobre los barrios y la comunidades negras de Estados Unidos. Ya Du Bois, invisibilizado por el doble pecado de ser negro y comunista, había afirmado en su prolífica obra que las estructuras opresivas del racismo y el supremacismo blanco eran la «infraestructura» del capitalismo imperialista. «¿Y quiénes son los países colonialistas, quiénes son los países imperialistas?» —la voz de Fidel Castro volvió a retumbar en los recintos de la ONU—. «No cuatro o cinco países, sino cuatro o cinco grupos de monopolios son los poseedores de la riqueza del mundo».

 

En aquella noche del Harlem, en un cuarto de hotel, Malcolm X reflexionaba en voz alta mientras observaba a Fidel con una risa cómplice: «Nadie conoce al amo mejor que sus sirvientes. Hemos sido sirvientes desde que nos trajo aquí. Conocemos todos sus trucos. ¿Se da cuenta? Sabemos todo lo que va a hacer el amo antes de que lo sepa él mismo».

 

El racismo existe —bien lo sabían Malcolm X y los musulmanes y nacionalistas negros— y es el criterio que determina, junto a la clase social, si la policía te mata o te saluda con respeto, si te atienden en un hospital o te dejan morir, si un periodista te ha de tratar como un extranjero prescindible o como un ciudadano legítimo. Igual de claro estaba para Fidel y su pueblo, que enviarían unos años más tarde decenas de miles de personas para luchar contra el colonialismo junto al pueblo negro de Angola.

 

Ya en la despedida, Malcolm explicó a un periodista cubano el carácter de su organización: «Somos seguidores de Muhammad. Él dice que podríamos sentarnos a limosnear por cuatrocientos años más. Pero si queremos nuestros derechos ahora, tenemos que…». Sonriendo enigmáticamente decidió no completar una frase de previsible final. Tan previsible quizás como su propio asesinato, sucedido cinco años después de aquel memorable e improvisado encuentro. Tan previsible como el secuestro y asesinato de Patrice Lumumba por agentes de la CIA. Tan previsible como la rodilla policial en el cuello de George Floyd.

 

Lo que nunca fue previsible ni obvio fue la solidaridad y la unidad entre pueblos y combatientes separados por la geografía: siempre hubo que imaginarla y construirla. Como la solidaridad expresada en una Minneapolis en llamas: como los lazos intangibles entre las colonias internas y externas de Estados Unidos; como en aquella otra visita de Hugo Chávez, también recibido con honores en el mítico barrio de negros y latinos. Como la que simbolizaría para siempre ese abrazo entre Fidel Castro y Malcolm X en aquella noche otoñal de 1960, en la que todo el Tercer Mundo pareció caber en un pequeño hotel del Harlem.

 

 

 

Fuente: https://observatoriocrisis.com/2026/08/13/fidel-100-anos-de-un-revolucionario-y-un-hombre-bueno/

 

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jueves, 20 de junio de 2024

 

[ 598 ]

 

AÚN ES FECUNDO EL VIENTRE DE DONDE SURGIÓ LA BESTIA INMUNDA…

 

Luis Casado  

 

 

Si el 30 de junio y el 7 de julio el Frente Popular gana las elecciones… su influencia se hará sentir en el mundo entero. No será fácil vencer al fascismo. Pero, como decía Nelson Mandela:

 

Siempre parece imposible… ¡hasta que lo hacemos!

 

 

“Un mundo se muere, otro se levanta” es el título de un libro de Aziz Krichen, intelectual tunecino. Aziz explica que el nacimiento de un mundo multipolar, que reduce el poder omnímodo de los EEUU, trae su rosario de desórdenes, peligros y amenazas. Para el capitalismo, el fascismo no es sino un recurso para casos de urgencia. Habrá que derrotarlo una vez más…

[N de Politika]

 

 

 

La cosa viene de lejos.

 

En 1941 Bertolt Brecht escribió una obra de teatro, La Resistible Ascensión de Arturo Ui, una sátira sobre la llegada al poder de Adolfo Hitler. “Aún es fecundo el vientre de dónde surgió la bestia inmunda” es una réplica de su epílogo.

 

 

Brecht tenía razón, henos ahí una vez más.

 

El nazismo no fue un cáncer exclusivamente alemán. El baile comenzó muy temprano: la Wehrmacht entró en Austria el 12 de marzo de 1938 con el sano propósito de imponer el Anschluss -o sea la anexión de Austria al Tercer Reich- sin encontrar la más mínima oposición. Francia e Inglaterra se limitaron a emitir una formal protesta diplomática: colonialistas ambos, su amor a la independencia de los pueblos aún no veía la luz del día.

 

 

Fue tal vez la razón que llevó a André Malraux a afirmar:

 

“He visto las democracias intervenir contra casi todo, salvo contra el fascismo.”

 

 

Al mes siguiente los nazis organizaron un plebiscito para ratificar la anexión de Austria al Reich, y 99 % de los votos fueron favorables: ¿qué mejor que una votación bien organizada?

 

 

El contagio nazi tocó gran parte de Europa con mayor o menor virulencia: la lista de países que vieron surgir la bestia inmunda es larga como un día sin pan, y va desde las templadas playas del Mediterráneo a las gélidas aguas del Mar Báltico.

 

 

No sólo: el continente americano vio aparecer sus propias versiones del nazismo, desde la Bahía de Hudson al Estrecho de Magallanes.

 

 

Chile, que en estas cosas nunca se queda atrás, vió aparecer a Jorge González von Marées, mediocre abogado que fundó el Movimiento Nacional-Socialista de Chile (nazi), del cual fue el führer. Diputado de 1937 a 1945, terminó por adherir -no podía ser de otro modo- al Partido Liberal, donde fungió como Secretario General de 1950 a 1951.

 

 

Argentina, -país que al fin de la II Guerra Mundial acogió numerosos nazis entre los cuales Josef Mengele y Adolf Eichmann-, tuvo su propia versión del nazismo. Según cuenta Horacio, los nazis argentinos organizaron -en el año 1938- el mayor acto político realizado fuera de Alemania. En el Luna Park, el mismo sitio en que fue velado Carlos Gardel.

 

 

Más tarde, la derrota del nazismo en Europa no eliminó a todos los criminales. EEUU, que buscaba dominar el continente y apoderarse del imperio francés, combatió a De Gaulle que deseaba restaurar el poderío y la independencia de Francia. En el camino EEUU recicló numerosos nazis en okupaciones diversas y variadas, con el invaluable concurso del OSS (office of strategic services) y más tarde de la CIA

 

 

De Gaulle nunca participó en las conmemoraciones del Desembarco en Normandía de las tropas yanquis, porque, como explicó claramente,

 

 

« ...a EEUU la liberación de Francia le importaba un pepino. »

 

 

El objetivo planeado era colonizar el país. A tal punto que la operación del desembarco recibió un nombre adecuado: Overlord (en inglés: señor supremo, gran patrón o bien señor feudal).

 

 

Francia sería, por la voluntad de Roosevelt, y con el amable concurso de algunos colaboradores galos, una suerte de dominio, colonia, asentamiento o toma de terrenos del Imperio.

 

 

En Francia, los colaboradores del nazismo fueron protegidos y reutilizados. Los enemigos de De Gaulle recibieron apoyo y financiación. No sólo los pendejitos que hacían el trabajo sucio, sino sobre todo los industriales como Jacques Lemaigre-Dubreuil y los banqueros como Jean Monnet que fueron esbirros de Roosevelt.

 

 

En un informe ultrasecreto del 6 de mayo de 1943 dirigido a Harry Hopkins, Secretario de Estado, Jean Monnet escribió:

 

 

“Es necesario concluir en que es imposible entenderse con él (De Gaulle); que es un enemigo del pueblo francés y de sus libertades (sic); que es un enemigo de la construcción europea (y) que por consiguiente debe ser destruido por el interés de los franceses…”

 

 

Lemaigre-Dubreuil y Monnet participaban de los planes de EEUU para colonizar Francia, y anclar el país en lo que sería más tarde la Unión Europea dominada por el Imperio. En ese empeño Jean Monnet y la CIA no se detuvieron ante nada, incluyendo campañas de mentiras sobre De Gaulle como aquella en la que participó la conocida revista LIFE según la cual el gobierno de De Gaulle era un antro de espías soviéticos.

 

 

Si en un ajuste de cuentas Jacques Lemaigre-Dubreuil murió asesinado (nadie quiso saber si por la CIA, los servicios secretos franceses u otra agencia…), en premio a sus obras al servicio de una potencia extranjera Jean Monnet reposa en el Panteón cerca de la tumba de Napoleón. Numerosas calles y plazas de diversas ciudades llevan su nombre, con la mención

 

“Jean Monnet, Padre de Europa”.

 

Si no sabías porqué De Gaulle estimó siempre que Francia debía imponer su soberanía, ahora lo sabes.

 

 

Ya en 1958 Mon Général cuestionó la participación francesa en la OTAN. En 1966 De Gaulle retiró a Francia de su Comando Militar Integrado. En 1967 EEUU tuvo que evacuar 27 mil soldados, 37 mil empleados y 30 bases aéreas, terrestres y navales, que fueron transferidas a Bélgica.

 

 

Los felones que colaboraron con el nazismo fueron ejecutados por la Resistencia, como el almirante Darlan, o bien condenados a muerte y fusilados como el general Pierre Pucheu o Pierre Laval, presidente del Consejo de Ministros del régimen colaboracionista del mariscal Pétain. El mismo Pétain fue condenado a muerte, pero De Gaulle conmutó la pena por la de prisión perpetua, y el triste mariscal Pétain se pudrió en la cárcel -en la isla de Yeu- hasta su muerte en 1951.

 

 

Sin embargo -como se dijo- la depuración no fue total. Escaparon los de siempre: los grandes industriales, banqueros, financistas y especuladores que hicieron negocios con la Alemania nazi, con el régimen de Pétain, con los “liberadores” yanquis, y además se adosaron al Plan Marshall cuyo objetivo no era tanto la reconstrucción de Europa como su dominación por el “Amigo americano”.

 

 

 

Cuesta abajo en la rodada

 

Era a todas luces imposible conservar indefinidamente la grandeza política, intelectual y moral de un gigante como Charles de Gaulle.

 

 

Poco a poco, de Pompidou a Valéry Giscard d’Estaing, de François Mitterrand a Jacques Chirac -que le ganó en el año 2002 en la segunda vuelta de la elección presidencial a Jean-Marie Le Pen, padre de la oberstumführer actual-, Francia vio declinar la calidad de su personal político, al tiempo que crecía la influencia del “Amigo americano”.

 

 

Hasta que llegaron mediocridades como Nicolas Sarkozy, curioso gaullista que volvió a meter a Francia en la OTAN, aceptando la dominación del Imperio. Recientemente Sarkozy fue condenado a prisión por la Justicia, aunque sigue libre: entre Chile y Francia… ¿quién le copia a quién?

 

 

Sarkozy le cedió el paso a François Hollande, que la imaginativa lengua vernácula del personal calificó de couille molle (cojón blando). Couille molle cuya principal hazaña consistía en salir por las noches del Palacio del Eliseo, subrepticiamente, en motoneta y cubierto por un casco, a visitar a su amante. El socialista Hollande se deslizó a la derecha de tal manera que en la memoria colectiva François Mitterrand ya parece un bolchevique.

 

 

Quién pensó que con François Hollande Francia había tocado fondo, tuvo la desagradable sorpresa de ver llegar a Emmanuel Macron, un empleado bancario del Banco Rothschild, infiltrado en las esferas del poder por el propio Hollande.

 

 

Macron, -un pinche trader o especulador financiero si prefieres-, debía ser el muro que defendería la república contra el peligro fascista. Ese fue el cuento. Como demostraron las elecciones parlamentarias del 9 de junio recién pasado, Macron fue la autopista para la llegada triunfal de Le Pen, cuyo partido neofascista obtuvo el 31,5%, lo que sumado a dos o tres murgas nazistoides suman cerca del 40%. ¡Bravo el artista!

 

 

Para ser justos, estas nulidades no son las únicas responsables del desastre: décadas de políticas neoliberales emprendidas al tiempo y el ritmo impartidos por el “Amigo americano” provocaron la privatización de casi todo, el empobrecimiento de vastos sectores de la población, la degradación de los servicios públicos, el alza del precio de los suministros privatizados en el seno de un libre mercado a escala europea (un ejemplo, la electricidad: +72%), la proliferación de la incertidumbre para los pringaos, los records de rentabilidad para los grandes capitales y el progresivo e imparable crecimiento de la extrema derecha neofascista. Fenómeno constatado no sólo en Francia, sino también en Alemania, en Austria y otros países.

 

 

Las mismas causas generan los mismos efectos. Ronald Reagan, George Bush y Bill Clinton por aquí, Margaret Thatcher y John Major por allá, la dictadura, la Concertación y sus herederos en la copia feliz del Edén… ¿Kastperabas?

 

 

Todo lo que precede, acompañado por los indetenibles y fatales efectos de la baja tendencial de la tasa de ganancia, la aparición, el desarrollo y la articulación de los países emergentes en el BRICS, la cada vez más evidente decadencia de “occidente”… no podía sino engendrar las crisis a las que asistimos ahora, el retorno de las fuerzas nihilistas del neofascismo, más y más guerras (actualmente se cuentan 56 guerras activas en el planeta), la conversión de los libre-mercadistas al proteccionismo comenzando por los EEUU y un gran etc.

 

 

Ningún imperio muere en paz.

 

 

John Mauldin, mi especulador financiero preferido, nos cuenta que todo esto ÉL lo había previsto y anunciado, es sabido que los traders son los profetas modernos:

 

The Coming Supercyclical Crisis–The Solution Created the Problem–No Way Out

You know I’m highly concerned about government debt in the developed world, particularly the US. I’ve said for years a crisis is coming. We’ve blown right past all our chances to avoid it. Now all we can do is imagine what the crisis will look like… and how much it will hurt.

 

(traducción libre: “afírmate Catalina, que el cagazo que viene es megagaláctico…”)

 

 

Confrontado al desastre del cual él mismo fue el demiurgo, o al menos el detonante, Emmanuel Macron disolvió la Asamblea Nacional confiando en que pillaría a todo el mundo con los chiteco abajo.

 

 

Fue exactamente lo que ocurrió, si no fuese por un curioso imprevisto: confrontada a la amenaza del fascismo, la pijotera izquierda política que hasta ese momento se encontraba dividida… tardó solo un par de horas en proclamar su unidad para derrotar al fascismo, creando un Frente Popular.

 

 

Tú ya sabes, gato escaldado teme el agua fría… dice el proverbio.

 

 

La implosión se produjo en la derecha tradicional y en la murga macronista, que en virtud de un modo de escrutinio mayoritario virtualmente desaparecerían de la Asamblea Nacional.

 

 

La contienda electoral enfrentará a los neofascistas y sus recientes apoyos de la derecha tradicional, con la izquierda re-unida que promete una ruptura radical con el modelo neoliberal.

 

 

La prensa, la radio y la TV -en manos de oligarcas fascistoides- anuncian, palabra de economista, que todo esto genera incertidumbre en los mercados financieros lo que es totalmente irresponsable.

 

 

Aumentar el salario mínimo, cobrarle impuestos a los multimillonarios, ponerle freno a la inflación, financiar los servicios públicos, garantizar la previsión social, reducir el tiempo de trabajo… todo eso es irresponsable e irrealizable.

 

 

Expulsar a los mercaderes del templo… ya no es plan. Cambiaron a Jesús por el FMI.

 

 

Es mucho mejor olvidar la democracia burguesa, imponer una dictadura como la de Pinochet, amañarse otra Constitución a la medida y renovar el dogmatismo neoliberal, gracias a lo cual los mercados financieros no conocerían sino la tranquilidad y -eructando- se darían por ampliamente satisfechos.

 

 

Mientras tanto se produce, cada día, una impresionante movilización popular cuya fuerza se va imponiendo incluso por encima de la representación política de la izquierda.

 

 

 

Robespierre… camarada… ¿estás ahí?

 

El temor de los oligarcas se mide en la propaganda mentirosa y totalitaria que derraman -como un alud de mierda- periodistas amaestrados en los medios de comunicación privados. No hay otros.

Si el 30 de junio y el 7 de julio el Frente Popular gana las elecciones… su influencia se hará sentir en el mundo entero. No será fácil vencer al fascismo. Pero, como decía Nelson Mandela:

 

 

« Siempre parece imposible… ¡hasta que lo hacemos! »

 

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domingo, 25 de diciembre de 2022

 

[ 305 ]

 

Todos LOS precios, EL precio…

Luis Casado

 

Mientras que cantamañanas -como los ministros de Hacienda (Finanzas)- vienen a explicarte cada día que todo va bien y mañana mejor. Lo cierto es que ahora toca defender EL precio. Porque LOS precios… van p’arriba. Inflación que le llaman…

 

 

En este período del año se produce una suerte de diarrea consumista asumida como «tradición», «fenómeno cultural», «práctica religiosa» o «manifestación del deseo de vivir». Algo así como la Copa del Mundo de fútbol pero en grande. La presente nota se inquieta muy a propósito de LOS precios, visto que EL precio, o sea el salario, no le inquieta a nadie excepto a los pringaos. Que aproveche.

 

Parece sencillo, pero no: desde los albores de la teoría económica quién intentó definir lo que son los precios se hizo la picha un lío.

 

Aun hoy, ofrecer un significado claro exige levantarse temprano. Como todo hijo de vecino crees que los precios -el valor de un producto expresado en dinero- los determina el mercado. Luego te enteras de que la Unión Europea le fija, por cojones, los precios a la energía y te asaltan las dudas a mano armada.

 

Un titular de prensa te tira de espaldas: “La UE llega a un acuerdo para imponer un tope máximo de 180 euros sobre el precio del gas.” La UE ya se había distinguido fijando el precio del petróleo ruso, (¿porqué no el qatarí o el texano?), lo que es otra prueba de que el libre mercado desapareció en combate admitiendo que alguna vez haya existido.

 

Peor aun: EEUU pone 400 billones de dólares para subvencionar a empresas que quieran instalarse en su territorio, y adoptan una serie de medidas proteccionistas para impedirle a la industria extranjera competir con sus productos locales. ¿Lo qué? Eso mismo: que la industria europea se muda con camas y petacas a los EEUU a cambio de un vil billete.

 

El libre mercado, la libre competencia y la mano invisible que guía los mercados hacia la eficiencia te mandan muchos saludos… pero llorar no pueden: donde manda capitán, no manda marinero. America first… ¿te dice algo?

 

En cuanto a los precios, Adam Smith publicó en 1776 el primer libro sabio sobre el tema: La Riqueza de las Naciones. Adam se interroga con relación a la proporción en que un bien puede ser cambiado por otro: verbi gratia ¿cuántos chorizos por un par de calcetines? Dicho de otro modo, cómo determinar el valor relativo de cada mercancía. El concepto tiene dos significados: el valor de uso y el valor de cambio. Astuto, Adam se ocupó solo del segundo.

 

(Calcula el valor de uso de la triterapia para un enfermo de SIDA y comprenderás. Sobretodo si solo queda una dosis… Si eres asopado y se te traba la pensadora, piensa en el valor de uso de un bote salvavidas en lo del Titanic… Y desde luego piensa en Jack…).

 

 

Para medir el valor de cambio nuestro buen Adam buscó un metro aplicable a todas las mercancías. ¿Cuál es el factor que determina la cantidad de un bien a la hora de intercambiarlo por otro? Adam llegó a la conclusión de que toda mercancía contiene algo en común: el trabajo. “El trabajo es pues la medida efectiva del valor intercambiable de toda mercancía”, se dijo mientras se admiraba en el espejo y se encontraba pirulo.

 

En ese momento se sirvió otra copa de malted barley (el whisky de los orígenes), y empezó a divagar en plan “experto”. Afirmó que el valor del trabajo es constante, : “Las cantidades iguales de trabajo deben ser, en cualquier tiempo y cualquier lugar, de un valor igual para el trabajador. […] Así, el trabajo, no variante nunca de su propio valor, es la única medida real y definitiva que puede servir, en cualquier tiempo y en cualquier lugar, para valorar y comparar el valor de todas las mercancías. Es su precio real; el dinero no es más que su precio nominal”.

 

No escapa a tu sagacidad que el trabajo, -otra mercancía en el bello sistema en el que vivimos-, también tiene un valor y que por ende Adam debía determinar cual es ese valor o bien seguimos pedaleando en la cebada (del whisky).

 

Por otra parte, el trabajo de un economista de Harvard especializado en mercados high yield no puede ser comparado con el trabajo de un modesto campesino productor de hortalizas. Si no me crees trata de comer lo que produce el economista y ya verás. Siguiendo el razonamiento de Adam debiésemos concluir en que el valor del trabajo, o de la fuerza de trabajo, es equivalente al trabajo que contiene… y ya la tenemos liada.

 

Si el elemento común que permite medir el valor (y a fortiori el precio) de cada mercancía es el trabajo necesario para producirla… la cuestión se resume en saber cuánto trabajo cuesta producir el trabajo, o más bien la fuerza de trabajo.

 

Karl Marx aclaró el enredo gracias a la noción de tiempo de trabajo socialmente necesario para producir algo. En otras palabras, un concepto que integra diferentes tipos de trabajo, y también su necesidad: si alguien produce lo mismo en menos tiempo… quiere decir que el tiempo socialmente necesario es menor, ergo que ese es el tiempo que hay que considerar para establecer el valor de un bien.

 

El valor del trabajo, por consiguiente, es el equivalente del tiempo de trabajo socialmente necesario para reproducirlo, o dicho de otro modo lo que cuesta producir y mantener vivo al currante cuya fuerza de trabajo se transa en el mercado. En los días de nuestra enceguecedora modernidad a ese valor le llaman salario.

 

De paso Marx subrayó que el trabajo es la única mercancía cuyo consumo genera valor. Para quién compra fuerza de trabajo con ese fin, es importante quedarse con (buena) parte del valor que genera el consumo de la fuerza de trabajo. Y reducir al máximo la parte que se lleva el currante que vende la suya propia por un precio que llaman salario.

 

 

Desde tiempos inmemoriales, buscando producir mercancías baratas dizque para satisfacer al consumidor, el empresario o patrón ha buscado procurarse fuerza de trabajo gratuita. Para alcanzar ese noble objetivo inventaron el esclavismo y la servidumbre, el “mediero” (currante que trabaja a “medias”), el “trabajador independiente” (¿de qué, de quién?), el empresario de sí mismo (las trabajadoras sexuales son un buen ejemplo), el “cuentapropismo”, el “comisionista”, el trabajador inmigrado y toda suerte de formas destinadas a reducir al máximo el precio de la fuerza de trabajo, o sea el salario.

 

Para ser justo debo decir que, buscando proteger al currante, también inventaron la media jornada, es decir trabajar solo 12 horas al día.

 

Lo cierto es que con los años se fue reduciendo el tiempo de trabajo socialmente necesario para reproducir la fuerza de trabajo. En Francia…

 

En un contexto de ganancias de productividad del trabajo agrícola y de aumento de la dimensión de los predios, en cerca de 40 años la proporción de agricultores disminuyó grandemente. En 1982, había 1,6 millones de agricultores, o sea 7,1 % del empleo total. En 2019, alrededor de 400 mil personas empleadas en el sentido del Bureau Internacional del Trabajo (BIT) son, en su empleo principal, agricultores, o sea 1,5 % del empleo total.

 

En la Francia del siglo XVIII la población agrícola representaba el 85% del total de la población francesa. Hoy en día, considerando a los agricultores y a los obreros agrícolas (en torno a 250 mil), menos del 2,5% de los trabajadores franceses nutren al conjunto de una población de 67 millones de habitantes y producen uno de los principales rubros de exportación del país.

 

Desde luego, con el tiempo la cantidad y la diversidad de lo que es necesario para mantener en vida a un currante que vende su fuerza de trabajo ha cambiado. Pero, sin entrar en los arcanos de los econometristas, parece evidente que el tiempo de trabajo socialmente necesario para “producir” al currante ha disminuido prodigiosamente, aun si le agregas un par de sneakers de marca, la última versión del iPhone y dos o tres virguerías más sin las cuales, al parecer, no puede vivir.

 

Todo esto queda en evidencia cuando miras la evolución de la productividad a lo largo de los años. Desde hace siglos no cesa de aumentar a tal punto que cuando un economista intenta explicar la inflación por un aumento de los costes salariales se refiere a “una reducción del ritmo del aumento de la productividad”. Claro como el agua de roca: se trata de la disminución del aumento…

 

No obstante, como canta Michel Jonasz, “Y a rien qui dure toujours” (No hay nada que dure para siempre). Confrontados a una reducción de la inversión, o a inversiones crecientemente especulativas, a la privatización de la educación y de la formación profesional, a la parte cada vez mayor del sector terciario en la economía, a la baja de la demanda (sí, sí, hay economistas que se quejan de una demanda insuficiente lo que determinaría una inversión decreciente), a la baja de la oferta (sí, sí, hay economistas que se quejan de una oferta insuficiente)… las ganancias de productividad se hacen cada vez más modestas. Incluso hay quien explica la disminución de la inversión -y por ende de la productividad- en razón de la baja tendencial de la tasa de ganancia…

 

Tú ya sabes:

Un economista = una opinión.
Dos economistas = una contradicción.
Tres economistas = una confusión.

 

En cuanto a mí, intentando explicar lo que explico mi objetivo es sencillo: ofrecer herramientas para sobrevivir en medio de este mambo.

 

Los “expertos” auguran una crisis duradera y una inflación que será muy difícil de controlar. Los bancos centrales optan por utilizar la única herramienta que conocen para luchar contra la inflación: generar una recesión mediante el aumento de las tasas de interés. La recesión tiene como principal consecuencia la de reducir la masa salarial y por consiguiente la demanda…

 

Mientras que cantamañanas -como los ministros de Hacienda (Finanzas)- vienen a explicarte cada día que todo va bien y mañana mejor. Lo cierto es que ahora toca defender EL precio. Porque LOS precios… van p’arriba. Inflación que le llaman…

 

¿Te queda claro?

 

 

Luis Casado para La Pluma, 23 de diciembre de 2022

 

 

 

Fuente:

 

https://www.lapluma.net/2022/12/23/46370/

 

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miércoles, 21 de diciembre de 2022

 

[ 303 ]

 

INFLACIÓN: ¿QUIEN SE BENEFICIA DEL CRIMEN?

Luis Casado

 

 

¿Qué es lo que genera la inflación? ¿Quien se beneficia con ella? La «ciencia económica» lo ignora. Un debate comienza, en el que participan -cosa curiosa- los grandes patrones junto a la izquierda radical…

 



Ayer asistí a un debate sobre Economía en París, organizado por La France Insoumise (LFI), principal partido político de la izquierda francesa.

 

Cosa curiosa, uno de los exponentes era Michel-Edouard Leclerc, patrón de una de las más importantes cadenas de supermercados de Francia, cuya cifra de negocios supera los 50 mil millones de euros al año. Un gran patrón vino a debatir con la extrema izquierda.

 

Entre los participantes: Agnès Bénassy-Quéré, economista jefe de la Dirección del Tesoro (Hacienda), Cédric Durand, profesor e investigador de la Universidad de Ginebra, François Gerolf, economista de la Dirección Francesa de Comercio Exterior, Éric Berr, economista de la Universidad de Bordeaux y la diputada LFI Aurélie Trouvé. Jean-Luc Mélenchon, presidente de LFI, cerró el evento que duró tres horas.

 

El propósito de LFI consiste en lanzar una reflexión que permita entender cuales son las causas del fenómeno inflacionario que sacude a todo el planeta, después de cuatro décadas de relativa estabilidad de precios, o de una muy moderada inflación si prefieres.

 

Primera constatación, -para servidor no es novedad-, la ciencia económica no logra explicar nada, ni prever nada, ni remediar nada. Contrariamente a la teoría monetarista, que sostiene que la inflación es un efecto del exceso de emisión monetaria, durante décadas la FED -banco central de los EEUU- y el BCE -banco central europeo-, emitieron billones y billones de dólares y euros sin que hubiese el más mínimo efecto en los precios.

 

Los célebres QE -quantitative easing- cuyo objetivo consistió en inundar los mercados de liquidez a cero por ciento de interés para salvar a los especuladores financieros, no provocaron lo que los monetaristas anunciaban: depreciación monetaria e inflación. Sin embargo la emisión monetaria sin respaldo alcanzó niveles colosales.

 

Durante el mismo periodo de cuatro décadas los salarios reales bajaron, no lo digo yo, lo dice el Fondo Monetario Internacional: nadie puede culpar a los salarios de la inflación que corroe el poder adquisitivo de millones y millones de hogares.

 

Aparte algunas sacudidas, los precios de las materias primas tampoco se fueron al cielo. Algún economista inspirado aseveró que las causas de la inflación son “externas”, es decir el resultado de un aumento en el precio de las importaciones. Después de décadas de una “mundialización” acelerada cuyo propósito no era otro que el de establecer un mercado único planetario… un genio osa pensar la economía como un mosaico salido del Salammbô de Flaubert.

 

Aquí es donde la intervención de Michel-Edouard Leclerc se hizo interesante: le sugirió a LFI impulsar la creación de asociaciones de consumidores, así como los controles del Estado. “Yo no entiendo”, -dijo-, cómo es posible que los productos básicos me sean propuestos con alzas que no se justifican, en un mercado dominado por monopolios, o duopolios, que controlan todo.”

 

 

Para ilustrar su afirmación, entregó algunos datos. Los productos de primera necesidad son controlados por un par de negociantes cuya parte de mercado supera el 80%… Si el distribuidor -la cadena de supermercados- no quiere pagar más, simplemente se queda sin productos. Otro chantaje: para obtener determinados productos a mejor precio obligan a los supermercados a suministrarle “servicios” gratis al proveedor, o a utilizar forzadamente sus marcas. Y nadie dice nada…

 

Michel-Edouard Leclerc fue más lejos: “Esto comenzó mucho antes de la guerra de Ucrania, y yo lo advertí, pero nadie me hizo caso. ¿Como llamarles a esos actores del mercado que no producen nada pero controlan todo desde las finanzas? ¿Parásitos de guerra?” (sic).

 

No deja de ser sorprendente escuchar a un gigantesco actor del mercado, cuyo volumen de negocios le da un gran poder de negociación, venir a pedirle a la izquierda radical que imponga la libre competencia… Michel-Edouard Leclerc lo dijo con todas sus letras: la libre competencia no existe.

 

Su función, señaló Leclerc , consiste en evacuar del mercado a todo aquel que exagera, que abusa, que intenta obtener un lucro injustificado: la libre competencia lo elimina. Pero esa libre competencia sin trabas ni trampas desapareció en combate con el neoliberalismo. El mercado, como afirma LFI, es el caos.

 

Un par de intervenciones dejó claro que, curiosamente, ahora pareciera que todo, TODO, viene de Ucrania: el aumento de precios, dice la prensa, se debe a la guerra. Un productor francés de aceite aumentó brutalmente sus precios arguyendo que los granos provienen de Ucrania. ¡El mismo que hasta el año pasado basaba toda su publicidad en la proveniencia francesa de sus materias primas!

 

Jean-Luc Mélenchon se interroga: “¿Cómo es posible que mucho antes de una cosecha, el producto de esa cosecha sea comprada y revendida 20 o 30 veces en los mercados financieros internacionales?”

 

Michel-Edouard Leclerc ya había afirmado que la mayor parte de los negociantes planetarios de productos alimentarios no tienen nada que ver ni con la agricultura, ni con el transporte, ni con la distribución, ni con la venta al detalle de productos alimentarios. Lo suyo es la especulación…

 

 

Una parte importante de la riqueza creada en la economía real debe remunerar la actividad de las finanzas especulativas que no aportan nada. Una decena de empresas dedicadas a la compraventa de productos alimentarios, de las cuales no has oído hablar nunca, controlan el coso: Vitol Group, Glencore International, Trafigura, Mercuria Energy Group, Cargill, Koch Industries, Archer Daniels Midland, Gunvor Group, Bunge y Louis Dreyfus Company.

 

He aquí una pista para entender el origen del fenómeno inflacionario. Otra: no olvidar nunca que la economía no puede ser concebida sino como el escenario en el que se libran una lucha encarnizada intereses contradictorios y divergentes: la repartición de la riqueza creada entre capital y trabajo es el mejor ejemplo. Mala noticia para las almas bien pensantes: la lucha de clases existe.

 

Otros fenómenos auguran que la inflación llegó para quedarse, aunque el ministro de Hacienda diga lo que diga.

 

El peor remedio consiste en aumentar las tasas de interés desde los Bancos Centrales, cuyo objetivo confeso consiste en generar una recesión y más desempleo para controlar la inflación.

 

Una vez más la teoría se va de espaldas: nadie ha probado que un alto nivel de empleo y demanda genere inflación. La causa, como se ve, está en otro(s) sitio(s). La unanimidad de los Bancos Centrales para aumentar las tasas de interés no hace sino poner en evidencia que no entienden nada ni de economía, ni del efecto que la emisión monetaria tiene en la economía real.

 

El debate comienza. Los neoliberales más tozudos ya entendieron -y lo dicen- que el neoliberalismo está muerto, no sin antes haber llevado el planeta a una crisis que, esta vez, va a durar.

 

Michel-Edouard Leclerc, una vez más, lanzó una advertencia lúgubre:

 

“Yo temo, capitalísticamente y empresarialmente hablando, una recesión…”

 

Ahí estamos estamos, distinguidos y geniales señores economistas.

 

 

 

LUIS CASADO

 

 

 

Fuente:

 

https://www.lapluma.net/2022/12/16/inflacion-quien-se-beneficia-del-crimen/

 

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