SUELTO / 010
VUELVA USTED MAÑANA… EN ESTOS MOMENTOS TODAS NUESTRAS LÍNEAS ESTÁN OCUPADAS…
Hola, Luis
Hoy son apuntes sobre una lectura del Lenin que se encontraba inmerso en los acontecimientos de los primeros días de la Revolución…
El chiste, al que hace mención Antonio Turiel, dice así:
"un economista es un tío que cree que si una mujer puede hacer un bebé en 9 meses, 9 mujeres pueden hacer un bebé en un mes".
Lenin habla, en abril de 1918, de lo mucho que hay de científico y progresista en el sistema Taylor (supresión de movimientos superfluos y torpes, organización racional del proceso de trabajo…), aunque también señala su ‘refinada ferocidad de explotación burguesa’. Y afirma, sin tapujos, que el ruso es un mal trabajador comparado con los de las naciones adelantadas, achacándolo, eso sí, al lastre del régimen zarista.
El asunto es que una vez en el poder, los bolcheviques constatan el gravísimo nivel de caos y ruina que azota a todo el país tras años de guerra europea, más una reciente revolución que el día después se enfrenta, además de a conspiraciones y sabotajes, a una verdadera guerra civil ‘no declarada’ contra las ‘reorganizadas’ fuerzas reaccionarias del zarismo armadas y financiadas por las potencias imperialistas occidentales. Y es en tal situación donde Lenin empieza a palpar los graves problemas que, de inmediato, tienen que resolver las fuerzas revolucionarias en el terreno económico para combatir ‘con urgencia’ el paro y el hambre (el principio del camino que empezaba a parecer el final del camino. Todo ilusión, salvo el poder, Lenin dixit).
De ahí, eso pienso, que hable de Taylor, de control, de contabilidad, de productividad, de disciplina e incluso de ciertos e ineludibles repliegues en cuanto al ‘orden socialista’ para, en primer lugar, conseguir organizar la producción (y repartir pan) y empezar a desarrollar la muy maltrecha economía (y repartir trabajo). Visto desde hoy aparece como un preludio de lo que poco más tarde, y toda la situación aún peor porque resultó que aún podía empeorar, fue ‘el paso atrás’ (¿o no tanto?) de la NEP.
También por entonces se produjeron los primeros choques ‘post-revolución’ entre las principales figuras del bolchevismo, ya que algunos como Bujarin, Zinoviev o Trotsky, no vieron con buenos ojos lo que definieron como ‘el pragmatismo leninista que pasa por el aro del capitalismo’ y empezaron a entonar cantos puristas que repudiaban lo que ellos, cada uno a su manera más o menos vacilante y mutante, calificaban de métodos nada socialistas además de dictatoriales y peligrosamente burocratizantes.
Lenin hablaba de gente que se empeña en volver la espalda a la verdad y desorientada se arroja en brazos de absurdas utopías… e insistía en la gravedad del momento (‘se está extendiendo el punto de vista del pequeño propietario: sacar la mayor tajada posible y, después, ¡lo que sea sonará!’), denunciando además que se tergiversaban sus palabras y que si ahora, en situación de auténtica emergencia social, defendía un periodo de firme y jerarquizada disciplina en el trabajo, Lenin no era de los que se escabullen, al mismo tiempo seguía defendiendo que la masa de oprimidos jamás podría pasar de la disciplina impuesta por los explotadores a la disciplina consciente y voluntaria, si no es mediante la libre discusión pública que es, precisamente, la verdadera democracia. Y, en ese mismo sentido subrayaba, que son las propias masas quienes deben determinar las normas y el plazo de las elecciones, gozando de plena libertad para revocar, en cualquier momento, a los elegidos. Y concluye: ‘A fin de arrancar reiterada y constantemente la mala hierba burocrática…’
El hecho de que sólo cuatro meses después del asalto al poder de los bolcheviques, o sea cuando todavía ni siquiera podían sospechar lo que tenían entre manos, ya esté Lenin fijando como tarea ‘reiterada y constante’ el combate contra la ‘mala hierba burocrática’, pienso que dice algo sobre la ‘capacidad de registrar realidad’ y la sabiduría política del que la historia ha confirmado como el más grande dirigente bolchevique. Y también sobre el poco caso que sus compis le hicieron, los unos que discreparon dando la cara y los otros que lo hicieron conspirando a sus espaldas de manera tan indigna como poco revolucionaria.
Salud y comunismo
PS: Este asunto de la burocracia (‘el vuelva usted mañana’ y alguna cosilla más sobre el carácter de clase del Estado…) ha dado y da para mucho, y es un tema que cada día me parece más interesante e inquietante. En cualquier caso espero volver a traerlo por aquí cuando lea más cosas, y me sienta menos perdido, sobre este asuntillo de tanta enjundia y de tanto calado histórico y… eso creo, de tan rabiosa actualidad.
Tranqui, ya me apeo (ya me salgo del personaje).
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