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CARLOS MARX / FEDERICO ENGELS
CORRESPONDENCIA
56. DE MARX A ENGELS
[Londres] 9 de agosto de 1862.
...En cuanto a la teoría de la renta, primero debo esperar, naturalmente, la llegada de tu carta (Engels le había escrito el 8 de agosto: “No veo clara la existencia de la renta ‘absoluta’, después de todo tendrás que demostrarla ”. ). Pero a fin de simplificar el "debate”, como diría Heinrich Bürgers, te envío lo siguiente:
I) Lo único que he tenido que demostrar teóricamente es la posibilidad de la renta absoluta, sin violar la ley del valor. Este es el punto alrededor del cual ha girado el conflicto teórico desde los tiempos de los fisiócratas hasta ahora. Ricardo niega esta posibilidad, yo la sostengo. También sostengo que su denegación se funda sobre un dogma teóricamente falso tomado de Adam Smith: la presupuesta identidad entre el precio de costo y el valor de las mercancías. Además, ahí donde Ricardo Ilustra el punto con ejemplos, presupone siempre condiciones en que, o bien no hay producción capitalista, o bien no hay propiedad de la tierra (de hecho o legalmente). Pero el asunto es investigar la ley cuando existen esas cosas.
II) En cuanto a la existencia de la renta absoluta del suelo, esta es una cuestión que en cada país tendría que ser resucita estadísticamente. Pero la importancia de la solución puramente teórica se debe al hecho de que todos los estadígrafos, y en general los hombres prácticos han estado sosteniendo durante los últimos 35 años la existencia de la renta absoluta, en tanto que los teóricos (ricardianos) han estado tratando de demostrar su inexistencia por medio de abstracciones muy arbitrarias y teóricamente débiles. Hasta ahora, en todas estas disputas he encontrado que los teóricos están equivocados.
III ) Demuestro que, aun suponiendo la existencia de la renta absoluta del suelo, de ninguna manera se sigue que en todas las circunstancias la tierra peor cultivada o la mina más pobre pague una renta, sino que es muy posible que tengan que vender sus productos al valor del mercado, aunque por debajo de su valor individual. A fin de demostrar lo opuesto, Ricardo siempre supone —lo que es teóricamente falso— que en todas las condiciones del mercado la mercancía producida en las condiciones más desfavorables es la que determina el valor del mercado. Tú ya diste la respuesta correcta a esto en los Deutsch-Franzosische Jahrbiicher…
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57. DE MARX A ENGELS
[Londres] 29 de octubre de 1862.
En cuanto a Norteamérica, creo que la campaña de Maryland ha sido decisiva al demostrar que inclusive en este sector de los Estados limítrofes, que simpatizan mucho con el Sur, el apoyo a los confederados es débil. Pero toda la lucha gira alrededor de los Estados fronterizos. Quien los cope dominará a la Unión. Al mismo tiempo, el hecho de que Lincoln haya dado a publicidad la próxima ley abolicionista en el momento en que los confederados avanzaban en Kentucky, muestra que ha cesado toda consideración por los leales propietarios de esclavos de los Estados limítrofes. La emigración hacia el Sur de los esclavistas de Missouri, Kentucky y Tennessee, con sus negros, es ya enorme, y si la guerra se prolonga un poco, como es seguro, los sudistas habrán perdido allí todo apoyo. El Sur empezó la guerra por esos territorios. Y la guerra misma fue el medio de destruir su poder en los Estados limítrofes, en que, aparte de esto, los vínculos con el Sur se estaban debilitando día a día, debido a que ya no puede hallarse mercado para la cría de esclavos y el tráfico interno de los mismos. Por consiguiente en mi opinión, al Sur sólo le queda ahora la defensiva, siendo que su única posibilidad de éxito reside en una ofensiva. Si se confirma la información de que Hooker va a obtener el comando activo del ejército del Potomac, de que Mc Clellan será “retirado" al puesto “teórico" de comandante en jefe y de que Halleck ha de asumir el comando en el Oeste, entonces la conducción de la guerra en Virginia podrá tomar también un carácter más enérgico. Además, ya ha pasado la época más favorable del año para los confederados.
No cabe duda de que, moralmente, el fracaso de la campaña de Maryland ha tenido una tremenda importancia.
En cuanto a finanzas, Estados Unidos sabe desde la guerra de la independencia, y nosotros lo sabemos observando a Austria, hasta dónde se puede ir con papel moneda depreciado. Es un hecho que los yanquis nunca exportaron más cereal a Inglaterra que este año, que la cosecha actual es nuevamente mayor que la media, y que la balanza comercial ha sido para ellos la más favorable de los dos últimos años. Tan pronto como entre en vigor el nuevo sistema impositivo (muy ridículo por cierto, exactamente al estilo de Pitt), el papel moneda que hasta ahora sólo ha sido continuamente emitido, empezará también por fin a fluir de vuelta. Una extensión de la emisión de papel en la císcala actual se volverá por consiguiente superflua y la depreciación ulterior será así detenida. Lo que hace que la actual depreciación sea menos peligrosa de lo que fue en Francia, e inclusive en Inglaterra, en circunstancias similares, es que los yanquis nunca prohibieron dos precios, uno en oro y otro en papel. El presente perjuicio se reduce a un estado de deuda para el cual nunca se ha recibido el equivalente correcto, y en un premio al agio y a la especulación.
Cuando los ingleses alardean de que su depreciación nunca fui mayor del 11 % por ciento (la creencia de otra gente es que fue más que el doble durante algún tiempo), olvidan convenientemente que no sólo siguieron pagando sus viejos impuestos, sino que todos los años pagaron otros nuevos, de modo que el flujo de retorno de los billetes de banco se aseguró desde un principio, en tanto que los yanquis han librado la guerra durante un año y medio sin impuestos (a excepción de las muy disminuidas deudas de importación), repitiendo simplemente la emisión de papel. En un proceso de esta clase, en el que ya se ha llegado al punto crucial, la depreciación real es todavía comparativamente pequeña.
La furia con que los sudistas han recibido los decretos de Lincoln demuestran su importancia. Todos los decretos de Lincoln se parecen a las condiciones leguleyas corrientes que un abogado le pone a su colega contrario. Pero esto no altera su contenido histórico, y por cierto me divierte cuando los comparo con el ropaje con que el francés envuelve la menor cosa.
Desde luego que, como otras personas, veo el lado repugnante de la forma que el movimiento toma entre los yanquis; pero hallo su explicación en la naturaleza de la democracia "burguesa''. Los sucesos del frente son, sin embargo, un levantamiento mundial, y no hay nada más desagradable en todo el asunto que la actitud inglesa para con ellos…
(continuará)
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