lunes, 16 de marzo de 2026

 

[ 838 ]

 

 

CARLOS MARX / FEDERICO ENGELS

CORRESPONDENCIA

 

 

 


 

 

56. DE MARX A ENGELS

[Londres] 9 de agosto de 1862.

 

...En cuanto a la teoría de la renta, primero debo esperar, naturalmente, la llegada de tu carta (Engels le había escrito el 8 de agosto: “No veo clara la existencia de la renta ‘absoluta’, después de todo tendrás que demostrarla ”. ). Pero a fin de simplificar el "debate”, como diría Heinrich Bürgers, te envío lo siguiente:

 

I)  Lo único que he tenido que demostrar teóricamente es la posibilidad de la renta absoluta, sin violar la ley del valor. Este es el punto alrededor del cual ha girado el conflicto teórico desde los tiempos de los fisiócratas hasta ahora. Ricardo niega esta posibilidad, yo la sostengo. También sostengo que su denegación se funda sobre un dogma teóricamente falso tomado de Adam Smith: la presupuesta identidad entre el precio de costo y el valor de las mercancías.  Además, ahí donde Ricardo Ilustra el punto con ejemplos,  presupone siempre condiciones en que, o bien no hay producción capitalista, o bien no hay  propiedad de la tierra (de hecho o legalmente). Pero el asunto es investigar la ley cuando existen esas cosas.

 

II)  En cuanto a la  existencia de la renta absoluta del suelo, esta es una cuestión que en cada país tendría que ser resucita  estadísticamente.  Pero la importancia de la solución puramente teórica se debe al hecho de que todos los estadígrafos, y en general los hombres prácticos han estado sosteniendo durante los últimos 35 años la existencia de la renta absoluta, en tanto que los teóricos (ricardianos) han estado tratando de demostrar su inexistencia por medio de abstracciones muy arbitrarias y teóricamente débiles. Hasta ahora, en todas estas disputas he encontrado que los teóricos están equivocados.

 

III )  Demuestro que, aun suponiendo la existencia de la renta absoluta del suelo, de ninguna manera se sigue que en todas las circunstancias la tierra peor cultivada o la mina más pobre pague una renta, sino que es muy posible que tengan que vender sus productos al valor del mercado, aunque  por debajo de su valor  individual.  A fin de demostrar lo opuesto, Ricardo siempre supone —lo que es teóricamente falso— que en todas las condiciones del mercado la mercancía producida en las condiciones más desfavorables es la que determina el valor del mercado. Tú ya diste la respuesta correcta a esto en los  Deutsch-Franzosische Jahrbiicher…

*

 

 

 

57.  DE MARX A ENGELS

[Londres] 29 de octubre de 1862.

 

 

En cuanto a Norteamérica, creo que la campaña de Maryland ha sido decisiva al demostrar que inclusive en este sector de los Estados limítrofes, que simpatizan mucho con el Sur, el apoyo a los confederados es débil. Pero toda la lucha gira alrededor de los Estados fronterizos. Quien los cope dominará a la Unión. Al mismo tiempo, el hecho de que Lincoln haya dado a publicidad la próxima ley abolicionista en el momento en que los confederados avanzaban en Kentucky, muestra que ha cesado toda consideración por los leales propietarios de esclavos de los Estados limítrofes. La emigración hacia el Sur de los esclavistas de Missouri, Kentucky y Tennessee, con sus negros, es ya enorme, y si la guerra se prolonga un poco, como es seguro, los sudistas habrán perdido allí todo apoyo. El Sur empezó la guerra por esos territorios. Y la guerra misma fue el medio de destruir su poder en los Estados limítrofes, en que, aparte de esto, los vínculos con el Sur se estaban debilitando día a día, debido a que ya no puede hallarse mercado para la cría de esclavos y el tráfico interno de los mismos. Por consiguiente en mi opinión, al Sur sólo le queda ahora la defensiva, siendo que su única posibilidad de éxito reside en una ofensiva. Si se confirma la información de que Hooker va a obtener el comando activo del ejército del Potomac, de que Mc Clellan será “retirado" al puesto “teórico" de comandante en jefe y de que Halleck ha de asumir el comando en el Oeste, entonces la conducción de la guerra en Virginia podrá tomar también un carácter más enérgico. Además, ya ha pasado la época más favorable del año para los confederados.

 

No cabe duda de que, moralmente, el fracaso de la campaña de Maryland ha tenido una tremenda importancia.

 

En cuanto a finanzas, Estados Unidos sabe desde la guerra de la independencia, y nosotros lo sabemos observando a Austria, hasta dónde se puede ir con papel moneda depreciado. Es un hecho que los yanquis nunca exportaron más cereal a Inglaterra que este año, que la cosecha actual es nuevamente mayor que la media, y que la balanza comercial ha sido para ellos la más favorable de los dos últimos años. Tan pronto como entre en vigor el nuevo sistema impositivo (muy ridículo por cierto, exactamente al estilo de Pitt), el papel moneda que hasta ahora sólo ha sido continuamente emitido, empezará también por fin a fluir de vuelta.  Una extensión de la emisión de papel en la císcala actual se volverá por consiguiente superflua y la depreciación ulterior será así detenida. Lo que hace que la actual depreciación sea menos peligrosa de lo que fue en Francia, e inclusive en Inglaterra, en circunstancias similares, es que los yanquis nunca prohibieron dos precios, uno en oro y otro en papel. El presente perjuicio se reduce a un estado de deuda para el cual nunca se ha recibido el equivalente correcto, y en un premio al agio y a la especulación.

 

Cuando los ingleses alardean de que su depreciación nunca fui mayor del 11 % por ciento (la creencia de otra gente es que fue más que el doble durante algún tiempo), olvidan convenientemente que no sólo siguieron pagando sus viejos impuestos, sino que todos los años pagaron otros nuevos, de modo que el flujo de retorno de los billetes de banco se aseguró desde un principio, en tanto que los yanquis han librado la guerra durante un año y medio  sin impuestos (a excepción de las muy disminuidas deudas de importación), repitiendo simplemente la emisión de papel. En un proceso de esta clase, en el que ya se ha llegado al punto crucial, la depreciación real es todavía comparativamente pequeña.

 

La furia con que los sudistas han recibido los decretos de Lincoln demuestran su importancia. Todos los decretos de Lincoln se parecen a las condiciones leguleyas corrientes que un abogado le pone a su colega contrario. Pero esto no altera su contenido histórico, y por cierto me divierte cuando los comparo con el ropaje con que el francés envuelve la menor cosa.

 

Desde luego que, como otras personas, veo el lado repugnante de la forma que el movimiento toma entre los yanquis; pero hallo su explicación en la naturaleza de la democracia "burguesa''. Los sucesos del frente son, sin embargo, un levantamiento mundial, y no hay nada más desagradable en todo el asunto que la actitud inglesa para con ellos…

 

(continuará) 

 

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domingo, 8 de marzo de 2026

 

 

[ 837]

 

LA MAQUINARIA DE GUERRA ESTADOUNIDENSE ESTÁ DIRIGIDA POR TRASTORNADOS Y FANÁTICOS RELIGIOSOS


 


 

 

Líderes militares le dicen a la tropa que Trump ha sido «ungido por Jesús para encender la señal de fuego en Irán para causar el Armagedón y marcar su regreso a la Tierra»

 

CAITLIN JOHNSTONE, periodista australiana

 

El secretario de Guerra, Pete Hegseth, dio uno de sus discursos característicos del tipo «No tengo un pene pequeño» en el Pentágono el miércoles, despotricando y delirando sobre la gran, poderosa y masculina maquinaria de guerra que actualmente está sembrando muerte y destrucción sobre el pueblo de Irán.

 

“Volaremos todo el día, toda la noche, día y noche encontrando y terminando con los misiles y la base industrial de defensa del ejército iraní, encontrando y matando a sus líderes y a sus líderes militares, sobrevolando Teherán, sobrevolando Irán, sobrevolando su capital, sobrevolando el CGRI, y los líderes iraníes mirando hacia arriba y viendo solo poder aéreo estadounidense e israelí cada minuto de cada día hasta que decidamos que se acabó”, fanfarroneó Hegseth, diciendo que habrá “B-2, B-52, B-1, drones Predator, cazas controlando los cielos, eligiendo objetivos, muerte y destrucción desde el cielo todo el día”.

 

«Esta nunca tuvo la intención de ser una pelea justa, y no lo es. Los estamos atacando mientras están caídos, que es exactamente como debe ser», soltó el Secretario de Guerra.

 

Este sería el mismo Pete Hegseth que fue mencionado en un artículo reciente de Jonathan Larsen titulado “ A las tropas estadounidenses se les dijo que la guerra con Irán es para el ‘Armagedón’ y el regreso de Jesús”, que informa que los comandantes militares estadounidenses están diciendo a los soldados estadounidenses que están en una misión de Dios para cumplir una profecía bíblica y provocar el fin del mundo.

 

“El secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha consagrado el cristianismo evangélico en las altas esferas del ejército estadounidense, transmitiendo reuniones de oración mensuales por todo el Pentágono”, informa Larsen, y añade: “El año pasado, el Pentágono me confirmó que Hegseth asiste a un estudio bíblico semanal en la Casa Blanca. Lo dirige un predicador que afirma que Dios ordena a Estados Unidos apoyar a Israel”.

 

Larsen informa que la Fundación para la Libertad Religiosa Militar se ha visto inundada de quejas de todas las ramas del ejército estadounidense de que los líderes de las tropas les están diciendo que el presidente Trump ha sido «ungido por Jesús para encender la señal de fuego en Irán para causar el Armagedón y marcar su regreso a la Tierra», y declaraciones similares.

 

Luego está el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, lanzando retórica de guerra religiosa, afirmando que los iraníes han sido llevados al mal por una “religión equivocada”.

 

“El mayor estado patrocinador del terrorismo, Irán y sus representantes, han matado a más estadounidenses que cualquier otro régimen terrorista en la Tierra”, dijo Johnson el miércoles.

 

Se dedican a ello. Lo han hecho, y dicen las partes silenciosas en voz alta. Querían borrar a Israel de la faz de la Tierra, y también nos quieren eliminar a nosotros. Somos el gran Satanás en su analogía y su religión equivocada.

 

Así que, como si no tuviéramos suficientes problemas con los que lidiar, resulta que el mundo está gobernado por un culto al Armagedón con armas nucleares.

 

El imperio estadounidense es la estructura de poder más malvada, destructiva y peligrosa del planeta. Está dirigido por psicópatas y guiado por un fanatismo religioso demente. Estos monstruos no serían creíbles como villanos en una serie infantil de dibujos animados.

 

Estas son las personas que afirman tener la autoridad moral para decidir quién debe ser el líder de una nación soberana al otro lado del planeta. Estos son los individuos poderosos cuyas decisiones determinan el rumbo que tomará nuestra especie hacia el futuro.

 

Son todo lo que acusan a Irán de ser. Son peligrosos fanáticos religiosos. No se les puede confiar armas nucleares. Son los tiranos. Son los monstruos.

 

Esto es insostenible. Estos tipos tienen que irse. El imperio estadounidense debe caer. La humanidad depende de ello.

 

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miércoles, 4 de marzo de 2026

 

[ 836 ]

 

 

CONTRAHISTORIA DEL LIBERALISMO

Domenico Losurdo

 

(…)

 


 

capítulo sexto

 

LA LUCHA POR EL RECONOCIMIENTO DE LOS INSTRUMENTOS DE TRABAJO EN LA METRÓPOLI Y LAS REACCIONES DE LA COMUNIDAD DE LOS LIBRES

 

 

LOS EXCLUIDOS Y LA LUCHA POR EL RECONOCIMIENTO

 

  Hemos visto que la tradición liberal está atravesada por dos cláusulas macroscópicas de exclusión. En realidad, hay una tercera, contra las mujeres, pero que presenta características peculiares. Cuando ellas pertenecen a las clases superiores, siempre forman parte, siquiera en funciones subalternas, de la comunidad de los libres: pensemos en particular en las propietarias de esclavos. El movimiento de emancipación femenina podrá adquirir una base social de masas solo más tarde, en el momento en que pueden participar en él las mujeres anteriormente sometidas a una condición de esclavitud, o bien confinadas en los niveles inferiores de una sociedad de castas. La lucha provocada por las máquinas bípedas de la metrópoli, por un lado, y por los esclavos y las poblaciones coloniales o de origen colonial por el otro, es lo que explica, en primer lugar, el desarrollo del liberalismo en los siglos XVIII y XIX.

 

  En ambos casos, más que por la consecución de objetivos particulares, los excluidos protestan por el hecho de que se les niega la dignidad humana. Se trata de una lucha por el reconocimiento, en el sentido aclarado por Hegel en un celebérrimo capítulo de la Fenomenología del espíritu. El negro encadenado, dibujado en la propaganda abolicionista, reivindica la libertad, subrayando en el escrito que circunda la imagen que él también es un «hombre». A su vez, Toussaint Louverture, el gran protagonista de la revolución de Santo Domingo, invoca «la adopción absoluta del principio por el cual, ningún hombre, ya sea rojo, negro o blanco, puede ser propiedad de su semejante». Tonos similares resuenan en el París inmediatamente posterior a la revolución de julio, cuando los diarios populares reprochan a los «nobles burgueses» su obstinación en querer ver en los obreros «máquinas» en lugar de «hombres»; nada más que «máquinas» llamadas a producir solo para satisfacer las «necesidades» de sus patronos; tras la revolución de febrero de 1848, la obtención de los derechos políticos por parte de los proletarios es la demostración de que también estos comienzan a ser finalmente elevados al «rango de hombres»[638]. Condorcet reconoce enfáticamente tal dignidad a los esclavos negros y se la niega a sus amos blancos; de manera análoga Engels, al dirigirse a los obreros ingleses dice que él está «contento y orgulloso» de haberlos visitado y que sufren «una esclavitud peor que la de los negros de América», y exclama: «He comprobado que sois hombres, miembros de la gran familia internacional de la humanidad» y que representáis «la causa de la humanidad» pisoteada, por el contrario, por los capitalistas, empeñados en un «comercio indirecto de carne humana», en una trata de esclavos apenas camuflada.

 

  A la lucha de los excluidos por ser reconocidos en su dignidad de hombres, corresponde, en la vertiente opuesta, la polémica contra la Declaración de los derechos del hombre. En el campo liberal la intervención más célebre es la de Burke. En él es total la condena de esta teoría subversiva que abre el camino a las reivindicaciones políticas y sociales de «peluqueros» y «vendedores de velas», «por no hablar de otras innumerables actividades aún más serviles que estas», a las reivindicaciones de la «multitud marrana», o, como quiere que sea, de gente cuya «ocupación sórdida y mercenaria» (sordid mercenary occupation) implica por sí misma «una perspectiva mezquina de las cosas humanas».

 

  Incluso a la distancia de algunos decenios, a los ojos de Bentham, la Declaración de los derechos del hombre de 1789 no es más que un cúmulo de «sofismas anárquicos». ¿Se sanciona en ella la égalité entre todos los hombres? Sarcástico resulta el comentario del liberal inglés: «Todos los hombres, es decir, todos los seres de la especie humana, y así, el aprendiz es igual en derechos a su patrono, tiene el derecho de gobernar y de castigar al patrono, ese mismo derecho que el patrono ejerce con respecto a él». Y, por tanto, el «absurdo principio de la égalité puede complacer solo a los “fanáticos” y a la “multitud ignorante”». ¿La Declaración habla de la «ley como expresión de la voluntad general»? Pero está claro que de ese modo no se pueden justificar las restricciones censales del sufragio. La propia teorización del derecho de propiedad, contenida en ese texto solemne, le resulta sospechosa a Bentham: no está bien precisado el objeto concreto de tal derecho, y, como quiera que sea, se trata de un derecho que, una vez más, compete «a cada individuo, sin límite alguno», incluso al que no posee nada y sufre hambre:

 

 

    «En otros términos, se establece un derecho de propiedad universal: es decir, todo es común a todos. Pero, dado que lo que pertenece a todos no pertenece a nadie, de aquí se deriva que el efecto de la Declaración no es el de establecer la propiedad, sino el de destruirla: y de ese modo la han comprendido los partidarios de Babeuf, estos verdaderos intérpretes de la Declaración de los derechos del hombre, a los cuales no se les puede reprochar otra cosa que haber sido consecuentes con la aplicación del principio más falso y más absurdo».

 

 

  Cuando condena estos «principios generales» abstractos —frente a los cuales justamente Inglaterra muestra «extrema repugnancia»— y que, pronunciados por «bocas hambrientas», pueden solo producir catástrofe, Bentham se remite a Malouet, uno de los pocos en Francia que intentó disipar «la nube de las ideas confusas». En efecto, son los anglómanos los que tratan de bloquear la promulgación de la Declaración de los derechos del hombre; al apelar a vagos «principios generales» y a conceptos «metafísicos» —alerta Malouet— se juega con fuego: se corre el riesgo de excitar a la «inmensa multitud de los hombres sin propiedad», «las clases desafortunadas de la sociedad», a «los hombres colocados por la suerte en una condición dependiente» y «desprovistos de luces y de medios»; a ellos habría que enseñarles los «límites justos», más que la «extensión de la libertad natural».

 

  Es significativo que sea Malouet quien adopte una clara posición contra la categoría de derechos del hombre, que después desempeña un papel relevante en la polémica contra el abolicionismo. Es este segundo aspecto el que desempeña un papel central en los Estados Unidos, donde, en el ámbito de la comunidad blanca, la cuestión no asume la relevancia que tiene en Francia, pero donde se hace cada vez más candente el conflicto relativo a la esclavitud negra. La tesis (contenida en la Declaración de independencia), según la cual «todos los hombres han sido creados iguales» y con el derecho a gozar de «determinados derechos inalienables», es adoptada, en concreto, como punto de mira. Aquí se encuentra la «locura metafísica», que más tarde halla su expresión más concentrada en la revolución francesa: esta es la acusación formulada por el «Burke norteamericano», es decir, por Randolph, que también en esa ocasión se remite de manera explícita al liberal inglés[645]. Surgidos bajo el influjo de la revuelta contra los presuntos «derechos imprescriptibles de los reyes», invocados por la Corona británica, ahora los Estados Unidos corren el riesgo de sucumbir a la locura de los «derechos imprescriptibles de los esclavos negros». De manera análoga, Calhoun llama la atención sobre los «frutos venenosos» de ese «lugar de la Declaración de nuestra independencia» que pretende conferir a todos los hombres «el mismo derecho a la libertad y a la igualdad»; de aquí parten los abolicionistas para desencadenar una fanática lucha contra la esclavitud negra y las «instituciones del Sur», por ser «un ultraje contra los derechos del hombre».

 

  En cuanto a Inglaterra, y pensando principalmente en las colonias, en 1880, Disraeli define como un sinsentido los «derechos del hombre»[648] como un «sin sentido». La lucha por el reconocimiento, conducida por las poblaciones coloniales o de origen colonial, se revela particularmente larga y compleja: esta conseguirá resultados decisivos solo en el siglo XX. Pero ahora conviene dirigir la atención a la lucha desarrollada por las máquinas bípedas en la metrópoli capitalista y en el ámbito de la comunidad blanca.

 

(continuará)

 

 

 

[ Fragmento: Domenico Losurdo. “Contrahistoria del liberalismo” ]

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