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Esa tos hay que vigilarla... y controlarla.
“Hasta la misma tos habla de la conciencia de clase. A la tos de la gente perteneciente a las capas dominantes se le nota la importancia que ella tiene al menos para el que tose: no puede confesar la enfermedad o la irritación accidental, y en todos los casos se presenta como si se tratase de una preparación para hablar que nunca puede omitirse sin comprometer el acto objetivamente necesario de declarar algo. La tos de la pequeña burguesía no conoce la importancia del asunto que le concierne; para el pequeño burgués lo importante es él mismo, de quien habla larga y detalladamente; tose por cuidar la salud, que pertenece al orden y a la que la vida ha de subordinarse; hace la prueba de escucharse. La tos proletaria tiene un tono explosivo y agresivo; nunca es una tos reflejada y nunca se añade un significado. No se tose para decir algo a continuación o para comprobar el estado de salud, sino para limpiar de polvo los pulmones. Las manifestaciones animales de nuestra vida son así indicadores de diferencias sociales. Uno se pregunta dónde se puede buscar la esencia del hombre, cuando posiblemente hasta en los gestos de la muerte esté encerrada en una figura histórica de la que no es posible separarse.”
(T. W. Adorno)
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