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El
genocidio que no cesa en el corazón de África
Rosa
Moro
“(…)
Leopoldo II
Por poner una fecha de inicio, digamos que
en 1876, cuando Leopoldo II funda la Association
internationale africaine, AIA, dio comienzo una sucesión de desgobiernos
que han explotado, expoliado y asesinado a los legítimos propietarios de estas
riquezas que la naturaleza ha derrochado en el corazón del continente africano,
justo en la cola de la fractura del Rift.
Leopoldo II, que diezmó a las poblaciones
locales bajo el yugo de una explotación inhumana, gobernó el Congo hasta 1908,
año en que cedió la colonia a Bélgica, país del que era monarca -que no
propietario, como del Congo. Conviene recordar brevemente que eso de ceder no
era el estilo de Leopoldo; una vez más, su despiadada habilidad para los
negocios se impuso en Europa. El precio del caucho y el marfil había caído,
debido a la competencia de otras regiones y compañías productoras, por lo que
el monarca fríamente calculó deshacerse de esa carga, su deuda y la mala fama
que le había valido el conocimiento público de sus atrocidades. Logró que
Bélgica se comprometiese a hacerse cargo de enormes gastos generados por su
avariciosa explotación de la colonia africana y a darle una “compensación” de
50 millones de francos de la época.
Bélgica y sucesores de Leopoldo II
Tras esta cesión / trampa / venta, la gran
colonia africana pasó de ser “libre” a ser “belga", es decir que cambió su
nombre de Estado Libre del Congo por el de Congo Belga. Los arrogantes jefes de
estado seguían siendo los herederos de Leopoldo II, primero su sobrino Alberto
I, en la época de la I Guerra Mundial; después su nieto Leopoldo III, en la
época de la II GM, y por último el hijo de este, Balduino I, con quien llegó la
gloriosa victoria del pueblo congoleño en su sangrienta lucha por la
independencia, en 1960.
Queda para los anales de la historia la
cara de circunstancias de un altanero rey Balduino en la ceremonia de
independencia del Congo, escuchando las verdades que pronunció, sin que
estuviera previsto, Patrice Lumumba en uno de los discursos más
importantes del siglo XX, el 30 de junio de 1960.
Patrice Lumumba
Lumumba logró mantenerse en el gobierno a
duras penas seis meses. Los únicos seis meses que los congoleños tuvieron un
gobierno democrático y soberano. Lumumba fue asesinado en enero de 1961, por un
complot hoy perfectamente documentado, tan documentado como impune, de los
servicios secretos belgas, la CIA de Eisenhower, además de la connivencia de la
ONU y otras potencias europeas. Entre estos cómplices está España, para mayor
gloria, si cabe, del régimen franquista. (...)
[ Fragmento de: “Rosa
Moro / El genocidio que no cesa en el corazón de África” ]
*
Patrice
Lumumba
DISCURSO EN CEREMONIA DE PROCLAMACION DE LA
INDEPENDENCIA DEL CONGO
Junio 30, 1960
Hombres y mujeres del Congo,
Victoriosos luchadores de la independencia,
Los saludo en nombre del gobierno congolés.
Les pido a todos ustedes, amigos míos,
quienes pelearon incansablemente en nuestras filas, marcar este 30 de junio de
1960, como una fecha ilustre que quedará por siempre grabada en sus corazones,
una fecha cuyo significado le explicarán orgullosamente a sus hijos, para que
ellos en su momento les puedan contar a sus nietos y bisnietos la gloriosa
historia de nuestra lucha por la libertad.
Aunque esta independencia del Congo está
siendo proclamada hoy en acuerdo con Bélgica, un país amistoso, con el que
estamos en igualdad de términos, ningún congolés olvidará que la independencia
se ganó en lucha, una lucha perseverante e inspirada que ocurrió en el día a
día, una lucha, en la qué no nos intimidamos por la privación o el sufrimiento
y no escatimamos fuerza o sangre.
Estuvo llena de lágrimas, fuego y sangre.
Estamos profundamente orgullosos de nuestra lucha, porque era justa y noble e
indispensable para poner fin a la humillante esclavitud que nos fue impuesta.
Esa fue nuestra suerte durante los ochenta
años de dominio colonial y nuestras heridas están muy frescas y son demasiado
dolorosas para ser olvidadas.
Hemos experimentado trabajo forzoso a
cambio de una paga que no nos permitía satisfacer nuestra hambre, vestirnos,
tener alojamiento decente o criar a nuestros hijos como seres amados.
Mañana, tarde y noche éramos sometidos a
burlas, insultos y golpes porque éramos "Negros". ¿Quién podrá
olvidar que el negro era tratado como "tú", no porque fuera un amigo,
sino porque el respetuoso "usted" estaba reservado para el hombre
blanco?
Hemos visto nuestras tierras confiscadas en
nombre de leyes aparentemente justas, que daban reconocimiento sólo al derecho
de la fuerza.
No hemos olvidado que la ley nunca fue la
misma para el blanco y para el negro, que era indulgente para unos, y cruel e
inhumana para los otros.
Hemos experimentado sufrimientos atroces,
hemos sido perseguidos por convicciones políticas y creencias religiosas, y
exiliados de nuestra tierra natal: nuestra suerte fue peor que la muerte misma.
No hemos olvidado que en las ciudades las
mansiones eran para los blancos y las chozas en ruinas para los negros; que un
negro no era admitido en los cines, restaurantes y tiendas reservadas para los
"europeos"; que un negro viajaba en el compartimento, bajo los pies
de los blancos en sus cabinas de lujo.
¿Quién podrá olvidar los tiroteos que
mataron a tantos de nuestros hermanos, o las celdas en las que eran arrojados
sin piedad aquéllos que no estaban dispuestos a someterse por más tiempo al
régimen de injusticia, opresión y explotación usado por los colonialistas como
herramienta de su dominación?
Todo eso, hermanos míos, nos trajo un
sufrimiento indecible.
Pero nosotros, que fuimos elegidos por los
votos de sus representantes, representantes del pueblo, para guiar a nuestra
tierra natal, nosotros, que hemos sufrido en cuerpo y alma la opresión
colonial, nosotros les decimos que de ahora en adelante todo eso está
terminado.
La República del Congo ha sido proclamada y
el futuro de nuestro amado país está ahora en las manos de su propio pueblo.
Hermanos, comencemos juntos una nueva
lucha, una lucha sublime que llevará a nuestro país hacia la paz, prosperidad y
grandeza.
Juntos estableceremos justicia social y
aseguraremos para cada hombre una remuneración justa por su trabajo.
Le mostraremos al mundo lo que el hombre
negro puede hacer cuando trabaja en libertad, y haremos del Congo el orgullo de
África.
Vigilaremos que las tierras de nuestro país
nativo realmente beneficien a sus hijos.
Revisaremos todas las viejas leyes y las
convertiremos en unas nuevas que sean justas y nobles.
Detendremos la persecución del libre
pensamiento. Vigilaremos que todos los ciudadanos disfruten en toda su
extensión las libertades básicas previstas por la Declaración de Derechos
Humanos.
Erradicaremos toda discriminación,
cualquiera que sea su origen, y aseguraremos para todos un paso por la vida
adecuado a su dignidad humana y que corresponda a su trabajo y su lealtad con
el país.
Instituiremos en el país una paz basada no
en las armas y las bayonetas sino en la concordia y la buena voluntad.
Y en todo esto, mis queridos compatriotas,
podemos confiar no solo en nuestras propias enormes fuerzas y riqueza inmensa,
sino también en la asistencia de los numerosos estados extranjeros, cuya
cooperación aceptaremos cuando no esté encaminada a imponernos una política
foránea, sino sea dada en un espíritu de amistad.
Incluso Bélgica, que finalmente ha
entendido la lección de la Historia
y no necesita oponerse más a nuestra
independencia, está preparada para darnos su ayuda y amistad; para ese fin un
acuerdo acaba de ser firmado entre nuestros países iguales e independientes.
Estoy seguro que esta cooperación
beneficiará a ambos países. Por nuestra parte, trataremos, mientras
permanecemos vigilantes, de observar los compromisos que hemos hecho
libremente.
Así, tanto en la esfera interna como
externa, el nuevo Congo siendo creado por mi gobierno será rico, libre y
próspero. Pero para alcanzar nuestro objetivo sin demora, les pido a todos
ustedes, legisladores y ciudadanos del Congo, darnos toda la ayuda que puedan.
Les pido a todos que entierren sus riñas
tribales: nos debilitan y pueden hacer que nos desprecien en el exterior.
Les pido a todos que no retrocedan ante
cualquier sacrificio por el bien de asegurar el éxito de nuestra gran empresa.
Finalmente, les pido incondicionalmente que
respeten la vida y propiedad de los ciudadanos y extranjeros que se han
asentado en nuestro país; si la conducta de estos extranjeros deja mucho que
desear, nuestra Justicia los expulsará pronto del territorio de la república;
si, por el contrario, su conducta es buena, deben ser dejados en paz, pues
ellos, también, están trabajando por la prosperidad de nuestro país.
La independencia del Congo es un paso
decisivo hacia la liberación del continente africano entero.
Nuestro gobierno, un gobierno de unidad
nacional y popular, servirá a su país.
Hago un llamado a todos los ciudadanos
congoleños, hombres, mujeres y niños, para que adopten con resolución la tarea
de crear una economía nacional y asegurar nuestra independencia económica.
¡Gloria eterna a los luchadores de la
liberación nacional!
¡Viva la independencia y la unidad
africana!
¡Viva el Congo independiente y soberano!
*
[ Redacción: Por Patrice Lumumba.
Fuente del texto: Patrice Lumumba, The Truth about a Monstrous Crime of the
Colonialists, Moscú, Foreign Languages Publishing House, 1961, pp. 44-47.
Edición Digital: Patrice
Lumumba internet archive en marxists.org.
Tranducido al castellano: Por Pancho López, para marxists.org, enero 2012. ]
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