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lunes, 24 de marzo de 2025

 

[ 748 ]

 

 

 

PARA UNA SEMIÓTICA DEL “SALUDO NAZI”

 

Fernando Buen Abad

 

 







Conocido frecuentemente como el “saludo hitleriano” (brazo derecho extendido hacia el frente con la palma hacia abajo), es un signo cargado de amenazas políticas, históricas y culturales. No puede ser analizado sólo como un símbolo aislado, porque debe desmenuzarse en el contexto de las desesperaciones burguesas, sus relaciones de poder, su ideología y sus planes macabros en lucha de clases. 

 

 

Ese “saludo nazi” funciona como un dispositivo semiótico al servicio de la dominación burguesa y es imprescindible decodificar cada una de sus “capas tectónicas” ideológicas. Tiene antecedentes en el saludo romano, que luego adoptaron el Partido Nacional Fascista y la Italia de Benito Mussolini, el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán y la Alemania nazi bajo el mando de Adolf Hitler. También la Falange Española. 

 

 

Otros partidos políticos de mismo perfil ideológico también lo asumen como parte de su identidad. Entre 1933 y 1945, el saludo ¡Heil Hitler! (¡Salve Hitler!) se impuso y difundió, particularmente, en los discursos de Hitler. Era muy común que se repitiera acompañado del grito: Sieg... Heil! Sieg...Heil! Sieg... Heil! Heil Hitler! 

 

 

En términos semióticos emancipatorios, el saludo nazi es un signo que, en su expresión física, opera como vehículo de identidad imbricada con las estructuras de poder económico y dominación semántica. No es un gesto reductible al reconocimiento o al respeto, porque es un acto performativo que refuerza la adhesión al régimen y la sumisión a su autoridad. Es un mecanismo de interpelación, adhesiva, al colectivo nazi, aceptando su lugar dentro de la estructura jerárquica del capitalismo que le da origen. Signo repetido masivamente en actos públicos, desfiles y ceremonias, que significan la naturalización de la ideología nazi, presentándola como incuestionable y omnipresente. 

 

 

Crea un consenso de mecanismos ideológicos y culturales. Con el saludo nazi se reitera la producción de ese consenso que obliga a sus adheridos a participar activamente en la ritualización del poder nazi. Al levantar el brazo, se expresa la lealtad al régimen macabro de exclusión, segregación, persecución y eliminación, sintetizadas en su reproducción simbólica. Tiene, además, un carácter de representación que fuerza a la expresión obligada de la unidad y la memoria del Führer.

 

 

Sus repetidores se inscriben en una comunidad de odios, donde las diferencias de clase, género o región se intoxican con cierta identidad nacionalista y racial inseparable del nazismo. Opera de dispositivo de homogenización cultural, eliminando las contradicciones internas y presentando al nazismo como un bloque monolítico. 

 

 

Es un signo de “violencia simbólica” impregnada, también, con coerción compañera de la fuerza física, y de la dictadura de los significados criminales, incubados por su pensamiento. Es violencia simbólica que disciplina formas específicas de relacionarse con el poder de exterminio y con los poderes económicos. 

 

 

Dictadura simbólica que opera incluso contra quienes dudan o se niegan a realizar el saludo, porque cualquier resistencia los “marca” como disidentes peligrosos, exponiéndose a la exclusión social, la persecución política o incluso la muerte. Su “saludo nazi” refuerza la “jerarquía” racial y social del nazismo. Es un signo obligatorio para los simpatizantes, pero prohibido para los grupos considerados inferiores (judíos, gitanos, comunistas, etcétera). 

 

 

El saludo sirve para demarcar y profundizar las fronteras entre los incluidos y los excluidos del proyecto nazi. Signo que no sólo expresaba lealtad, sino que también reproducía las estructuras de dominación racial y clasista propias del nazismo. 

 

 

Todas sus versiones “renovadas”, incluso en su carga simbólica plutocrática, son un retroceso civilizatorio alarmante que nos informa que no desapareció su lógica perversa, sino que se transformó, modernizó y metabolizó tecnológicamente. Hoy se usa para borrar, incluso, el horror del Holocausto y su uso actual está perversamente regulado y endiosado en muchos países que lo atesoran como gran herencia simbólico-ideológica. 

 

 


Ha sido re-semantizado por la batalla cultural imperialista que enmascara la guerra cognitiva y para reconstruir una identidad fascista en el contexto de las crisis del capitalismo contemporáneo. Insistamos, no es simplemente un signo, es un dispositivo semiótico complejo, que refleja y reproduce planes de aniquilación fascista. Es la ideología materializada en semiosis cotidianas que profundizan la dominación política y cognitiva. Es ineludible la lucha por desentrañar los significados patentes y latentes, los ocultos y los obvios detrás, adentro y en el contexto del “saludo nazi”, para combatirlo mejor en la disputa por el sentido, en la recomposición emancipadora de las fuerzas semióticas desde las bases organizadas.

 

 

Es crucial comprender las guerras simbólicas del poder que se sustentan, también en sus formas clásicas, operando impúdica e impunemente en el presente. En última instancia, nos urge una semiótica del “saludo nazi” no sólo para entender el pasado, sino también para disputar sentido con instrumentos científicos contemporáneos y en tiempo real. Capaces de derrotar al fascismo y a toda opresión. 

 

 

Al decodificar los signos de dominación, podemos abrir espacios para ir más allá de la resistencia, hacia la transformación social finalmente bien organizada desde las bases. Necesitamos asegurar y perfeccionar una semiótica contra el nazi-fascismo, de lo general a lo particular, contra todos sus signos-emboscada fabricados para infiltrarse y manipular la conciencia social, y para mantener el statu quo, reprimir el pensamiento y la acción revolucionaria. 

 

 




Es preciso combatir toda ingenuidad y toda ignorancia porque el “saludo nazi” es una herramienta semiótica peligrosa diseñada para imponer miedo, odio y orden moral burgués, obligar a la resignación e impotencia, instalar la inmovilidad social y controlar a las masas. Este gesto, junto con otros símbolos y prácticas del nazi-fascismo, busca infiltrarse en la vida cotidiana, normalizar su presencia y perpetuar las estructuras de poder existentes. No nos cansemos de advertirlo. 

 

 

 

Todo signo burgués, salido de sus miedos en forma de dictadura semiótica nazi, encierra una compleja red de significados y relaciones de poder económico con desesperación extendida a todos los ámbitos de la vida pública. Necesitamos, por eso, una semiótica emancipada y emancipadora, no sólo contra el “saludo nazi”, convertido hoy en una amenaza real de la supremacía de la raza aria y la eliminación de los “enemigos”. Judíos, comunistas, socialdemócratas y otros grupos considerados indeseables. Su saludo es ejemplo monstruoso de cómo la ideología dominante puede ser impuesta a través de sus “batallas culturales” y sus símbolos.

 

 



Fuente: 

https://www.dataurgente.com/noticias/para-una-semi%C3%B3tica-del-saludo-nazi

 

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martes, 18 de marzo de 2025

 

[ 744 ]

 



¿ESTÁ NUESTRO RELATO A LA ALTURA DE LA HISTORIA?

 

Fernando Buen Abad

 

 

Un relato hoy no puede contentarse con ser solo un registro del pasado; debe ser una herramienta de transformación social. Es hoy su responsabilidad ética y humanista. Un relato que quiera estar a la altura de la historia debe contribuir a la praxis revolucionaria. 

 






Envueltos como estamos en una sobreproducción informativa intoxicada con clichés ideológicos, estereotipos narrativos, esclerosis sintáctica y fake news, es indispensable interrogarnos, autocríticamente, si está nuestro relato a la altura de la historia, y esto debe abordarse simultáneamente desde niveles múltiples sin dejar de ver el papel de la ideología y la lucha de clases en la producción del relato histórico y en la relación dialéctica entre la conciencia y la materialidad histórica.

 

 

Ningún relato es una narración neutral, sino el resultado del conjunto de los medios, los modos y las relaciones de producción de sentido en un momento histórico determinado y bajo condiciones económicas concretas. En general, todo relato es la historia de la lucha de clases expresándose de mil maneras. Si el relato que construimos rehúye a esa condición no está a la altura de la historia, porque es, incluso un quiebre ético, quedarse en la superficie de los acontecimientos sin revelar sus contradicciones subyacentes y los caminos de superación dialéctica para tales contradicciones.

 

 

Todo relato está teñido por sus fuentes de sentido en disputa permanente y eso incluye a los discursos dominantes que reflejan los intereses de la clase hegemónica. Un relato que se despega y contrapone al statu quo debe desentrañar sus fuentes y sus objetivos para mostrar cómo las condiciones materiales determinan las narrativas. Especialmente las de la “neutralidad”, las de la “anti-política” y todas aquellas especializadas en distorsionar y demorar la organización de las sociedades para producir transformaciones paradigmáticas contra todo lo que las oprime, saquea y explota. Si el relato es meramente una reproducción de la ideología dominante (capitalista, neoliberal), entonces no está a la altura de la historia porque no permite ver la estructura de explotación que subyace a los acontecimientos. Un relato hoy no puede contentarse con ser solo un registro del pasado; debe ser una herramienta de transformación social. Es hoy su responsabilidad ética y humanista. Un relato que quiera estar a la altura de la historia debe contribuir a la praxis revolucionaria. Es decir, no basta con describir los hechos, sino que es necesario analizarlos críticamente para abrir caminos de emancipación. Y es esto una necesidad moral insoslayable. 

 

 





Desde una visión semiótica, emancipadora, y un humanismo de nuevo género, nuestro relato solo está a la altura de la historia si expone la lucha de clases como motor de los acontecimientos; si desenmascara la ideología dominante y sus mecanismos de reproducción, y no se limita a la contemplación de la realidad, sino que busca su transformación a través de la praxis. Eludir esto no sólo es distorsionar deliberadamente, sino que es no estar voluntariamente a la altura de la historia, sino que es cómplice de la perpetuación del desorden establecido en un mundo bañado en sangre de las industrias militares, de las falsedades de la industria mediática y del saqueo de las mafias bancarias, todo con la complicidad de no pocas iglesias mercenarias. 

 

 

Para la creación y el desarrollo de un relato revolucionario, desde una semiótica emancipadora se requiere una metodología que no sólo analice los signos, los clasifique y los sature con palabrerío incomprensible, revisando únicamente la semiosis desde su estructura formal, sino que la vincule con las condiciones materiales de la disputa por el sentido y las condiciones objetivas e históricas de producción. Nos ayuda mucho la semiótica impulsada por Mijaíl Bajtín, Roland Barthes, Umberto Eco que proponen una intervención crítica sobre los signos como territorios de lucha de clases hacia un relato que contribuya a la praxis transformadora.

 

 

Semiótica emancipada y emancipadora para intervenir en los signos que se apropió ha sido la clase dominante para naturalizar el desorden capitalista. Semiótica científica y autocrítica para identificar las contradicciones en el lenguaje, propio y ajeno, en las disputas con los símbolos hegemónicos para recuperar signos y narrativas no solo de resistencia, sino para desplegar el relato contra-hegemónico de nuevo género, es decir, parido por las luchas que están escribiendo la historia nueva. Semiótica analizar y superar la carga ideológicade los discursos dominantes y desmontar sus mecanismos de legitimación.

 

 

 

En un solo mundo con voces múltiples, como lo define el “Informe MacBride” (1980) es indispensable la idea de la polifonía y la heteroglosia, que implica establecer la responsabilidad científica de asumir todo relato como organizador de múltiples voces en disputa. En este escenario para nuestra semiótica, emancipada y emancipadora, es condición de su praxis detectar la lucha ideológica dentro del lenguaje y los relatos; construir una narrativa contra hegemónica que dispute el sentido de los signos dominantes para romper científicamente con la univocidad del discurso burgués, haciendo predominar el relato que emerge de las luchas sociales en todo el mundo.

 

 

 


 

No aceptar el relato que el capitalismo vende usurpando el signo “democracia” o el signo “libertad” o las operaciones de la Guerra Cognitiva y eufemismos tramposos como la Revolución Cultural que despliega la ultraderecha de corte neonazi-fascista. Nosotros necesitamos un relato revolucionario en clave de nueva democracia no burguesa, del poder obrero y la participación directa. Transparentar el financiamiento de la política, incluyendo el financiamiento de su ideología (falsa conciencia) y de sus ideólogos.




Contra el fetichismo de la mercancía y las emboscadas de la plusvalía ideológica contra el trabajo. Destruir los mitos burgueses todos, desmitificar los relatos hegemónicos, desmontando sus fuentes ideológicas más tóxicas. Revelar la arbitrariedad y las distorsiones del lenguaje capitalista que en todos los ámbitos de la vida ocultan las perversiones de la explotación y la destrucción del planeta. Producir cuya capacidad de abstracción no sean emboscadas de escapatoria ante la realidad. Anclarse a la praxis transformadora. Que la semiosis(producción de sentido) no se reduzca a ser reflejo aislado de la realidad, sino herramienta de transformación. No quedarnos el palabrerío academicista, sino generar signos y discursos que nos organicen. Crear el lenguaje de la moral de la lucha, accesible y potente, que nazca de las luchas sociales. Evitar la estetización decorativa, la revolución requiere que la ética sea la estética del futuro, comenzando hoy, y construir una semiótica emancipadora parida en la práctica del pueblo organizado. La transformación del mundo no ocurre sólo con ideas, sino con acción revolucionaria. Eso incluye a la praxis revolucionaria del relato a la altura de la historia.

 

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Fuente:

https://www.lapluma.net/2025/03/14/76908/

 

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sábado, 10 de agosto de 2024

 

 

[ 619 ]

 

ELON MUSK Y EL CINISMO DE LOS MAGNATES

 

Fernando Buen Abad

 

 

Aunque aquí sirve de ejemplo, lo que menos importa es su nombre y apellido, Musk no es más que un engranaje del sistema putrefacto y criminal que denunciamos y combatimos. Armado con sus veleidades y payasadas de magnate, Musk babea por adueñarse de las riquezas naturales de Venezuela y babea por propinarle al pueblo revolucionario de Chávez un escarmiento ideológico por atreverse a construir un país con soberanía y un proyecto socialista bolivariano. Cuando la avaricia se les convierte en psicopatía se les desborda y les escurre de pensamiento, palabra obra y omisión. Desparraman el odio de clase que han añejado en barricas de mediáticas y lo esparcen a diestras y siniestras. ¿Monroe vs Bolívar de nuevo?

 

 

Desde los yacimientos inagotables de sus egos Musk, y sus jaurías, supura también avaricia macabra desplegada en narrativas golpistas que se empeñan en ser vanguardia de la estulticia al uso imperial. Pero se les olvida que hay memoria colectiva, que no es sólo inventario de recuerdos porque constituye un campo de batalla simbólica. Musk alimenta su lívido perversa con la idea de descargar una arremetida descomunal del tergiversaciones y fake news para subordinar al pueblo de Venezuela con un plan de saqueos, petroleros principalmente, bajo la metodología de la “inteligencia artificial” burguesa que ellos usan como arma de guerra. Esa avaricia de Musk se ha exhibido como una secreción de elixires que embriaga a sus secuaces y admiradores, tan criminales como él, impregnándolos con creencias o fetiches que aparecen como fenómenos intelectuales propios, aunque tengan sello de fábrica de laboratorios de guerra cognitiva.

 

 

Están gastando sumas obscenas para el golpe de estado cuya verdadera y concreta tarea es adueñarse de las riquezas naturales en todas las áreas. Que el saqueo golpista se presente “seductor” con la oferta de “maravillas libertarias” a granel; dejar sobre la mesa de nuestras realidades la muy amarga impotencia que nos asalta ante los escaparates de la violencia imperial. Vendernos, a punta de bayoneta, la ruta de los “sacrificios” para mantenernos la fe en el futuro que nunca vendrá.  Hacernos creer que ellos siempre han tenido la razón de explotarnos y saquearnos; que debemos agradecerles y que debemos enseñar a nuestros hijos a adorar la sumisión al imperio como su mejor herencia.

 

 

Musk puso la “jeta” para liderar un delirio de las dictaduras que operan sus caldos ideológicos por dentro de las “democracias” burguesas como tendencias sordas camufladas con votos. Musk ha logrado infiltrarse, con palabrerío “democrático”, y todas las formas del engaño tecnológico, en un terreno propagandístico fértil para su irresponsabilidad rentable. Se trata también de un golpe de estado semántico orquestado por los ejércitos mediáticos oligarcas que llaman “democracia” a sus perversiones saqueadoras.

 

 

También la concentración monopólica de la tecnología es una amenaza contra las democracias. Y parece que nos acostumbramos, a costos incalculables, a consumir mansamente, planificada y adictamente, todo cuanto nos imponen los consorcios tecnológicos trasnacionales frecuentemente con matriz en la industria bélica. Internet no nos dejará mentir, por ejemplo. Transferimos al aparato empresarial bélico, bancario y mediático -sin frenos y sin auditorías-, sumas ingentes. Entiéndase aquí “dependencia” en su sentido amplio que incluye las adicciones más variadas y las más “novedosas”. Adquirimos tecnología sin soberanía; no consolidamos nuestras fuerzas de producción, no creamos una corriente internacionalista para una tecnología emancipada y emancipadora; no creamos las usinas semióticas para la emancipación y el ascenso de las conciencias hacia la praxis transformadora; en la producción de tecnologías no creamos un bastión ético y moral para el control político del discurso y el gasto. No es que falten talentos o expertos, no es que falte dinero ni que falten las necesidades con sus escenarios. Hizo estragos, nuevamente, la crisis de dirección política transformadora. Hablamos mucho, hicimos poco. Ni el “Informe MacBride” (1980) supimos escuchar y usar, como se debe.

 

 

Ese es el campo fértil en el que bichos como Musk se multiplican. Estamos en medio del fuego cruzado entre tres guerras simultáneas:

 

 

 

una Guerra Económica desatada para dar otra “vuelta de tuerca” contra la clase trabajadora; una Guerra Territorial para asegurarse el control, metro a metro, de los recursos naturales y contra las movilizaciones y protestas sociales; y una Guerra Cognitivo-Mediática para anestesiarnos y criminalizar las luchas sociales y a sus líderes.

 

 

 

Tres fuegos que operan de manera combinada desde las mafias financieras globales, la industria bélica y el re-editado “plan cóndor comunicacional” empecinado en silenciar a los pueblos.

 

 

En particular, la guerra cognitivo-mediática que se despliega en las “redes sociales” como “X”, es extensión de la guerra económica imperial que no se contenta con poner su bota explotadora en el cuello de los pueblos, como si se tratara de un triunfo moral de toda la humanidad, operado desde las centrales imperiales con ayudas vernáculas. Para eso ha servido el negocio de Musk que nos impone adicciones inducidas para el consumismo de sus “ideologías”. Se trata de una doble articulación de la dependencia que supera a los poderes nacionales (muchos de ellos no tributan, no respeta leyes y no respeta identidades) mientras ofrece respaldo a operaciones locales en las que se inclina la balanza del capital contra el trabajo.

 

 

Nuestra dependencia tecnológica en materia de comunicación es pasmosa y muy peligrosa. Está a la vista el peligro enorme de estar expuestos a psicópatas magnates dueños de la comunicación mercantil planetaria, como Musk. Y, no obstante, contra todas las dificultades y no pocos pronósticos pesimistas, los pueblos luchan desde frentes muy diversos y en condiciones asimétricas. Con experiencias victoriosas, en más de un sentido, pero es necesaria una revisión autocrítica de urgencia mayor. Esclarecidos en la batalla mediática, hasta en lo que ni imaginamos, vamos con nuestras “prácticas comunicacionales” combatiendo manías y vicios burgueses a granel. Luchamos y resistimos la andanada descomunal de ilusionismo, fetichismo y mercantilismo con que nos zarandea diariamente la ideología de la clase dominante, que ha hipnotizado a muchos y los ha convertido en loros capaces de repetir, con felicidad, modelos hegemónicos. Es vital ponernos a salvo todas y todos. Los enemigos de los pueblos están mostrando sus rostros y sus armas. Lo diremos también en “X”. 

 

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viernes, 15 de diciembre de 2023

 

[ 507 ]

 

DESCOLONIZACIÓN CULTURAL Y COMUNICACIONAL

 

Fernando Buen Abad

 

 

Sin una comunidad cultural y comunicacional organizada, nuestras mejores intenciones descolonizadoras son sólo ínsulas de “buenos propósitos”, acaso eruditas, ingeniosas o apasionadas. No hay praxis correcta sin organización correcta. Esa es una debilidad mayor y una tarea actual urgente. ¿Cómo debe ser semejante comunidad organizada contra la manipulación simbólica? Quizá no lo sepamos acabadamente, pero es inexcusable saber cómo no queremos que sea. Por eso necesitamos una Semiótica para la descolonización.

 

Para someternos a la ecuación hegemónica “dominadores vs dominados”, nos han desorganizado. De pensamiento, palabra y obra. En nada gastan más que en desorganizarnos, descargan fardos de ideología confusa, miedo laboral, chantaje político, odio de clase, estética vergonzante y violencia simbólica, policiaca y militar. Toda iniciativa de organización para emanciparnos de la barbarie económica y escocida reinantes, tiene en contra un arsenal de dispositivos desorganizadores. No obstante, las fuerzas descolonizadoras resisten y se multiplican poco a poco.

 

Es tan longevo y extenso el aparato colonizador, militar, bancario, religioso (en sus versiones viejas y en las novedosas) que el inventario se constituye en biografía de todas las generaciones, añejas o jóvenes. Lo tenemos hasta en las emociones más “íntimas”.

 

Nos invade cabezas, panzas y corazones. El aparato de dominación colonial entiende su cometido de manera totalitaria y no hay reducto de la vida en que no estemos enredados con la maraña descomunal de idiosincrasias mediocres, tradiciones impuestas, ridiculez, cursilería, supercherías e ignorancias a veces certificadas por la educación oficial. Una “tomografía” de nuestro estado actual de colonización daría cuenta de metástasis galopantes. Incluso algunas terapéuticas “descolonizadoras”, parecen estar contaminadas de coloniaje como en aquellos “planes de educación” que envían a los mejores estudiantes a completar su formación a los centros imperiales.

 

Es imposible derrotar al colonialismo con audacias unipersonales. Eso es individualismo que retrasa, distrae o desprestigia la tarea de organizar a los oprimidos contra los opresores. En contraste hemos acumulado contribuciones invaluables en la formación de conciencias y estrategias inteligentes. Contamos con autores y escuelas de inspiraciones diversas. Contamos con información y evidencias, sabidurías y ciencias. Lo que no tenemos es una organización democrática participativa e internacionalista para la descolonización de nuestras vidas y nuestros pueblos. No confundir organización con instituciones o con burocracias.

 

5 siglos han pasado desde el viaje de Colón; 200 años de la Doctrina Monroe y, por ejemplo, la producción agrícola, ganadera, energética, minera, pesquera… están mayormente controladas por empresas trasnacionales cuyo saldo, además del saqueo, es la obstrucción sistemática de la soberanía de los pueblos para la solución de los problemas de endeudamiento, marginación, hambre, vivienda, educación y salud. A eso hay que añadir que los modos, medios y relaciones de producción cultural y comunicacional concentrados en empresas cuyo interés medular es mercantil y no la diversidad de expresiones identitarias ni el desarrollo de los talentos artísticos o científicos descolonizadores vernáculos. Los modelos administrativos y educativos, por ejemplo, suelen tributar ideológicamente a modelos oligarcas, no sometidos a escrutinio colectivo, los decide una élite burocrática encaprichada con su “leal saber y entender” y, cuando no, con sus negocios. No todos los aparatos burocráticos son herramientas descolonizadoras aunque tengan fachada como instrumentos de Estado con avales democráticos.

 

Son de tal complejidad y extensión las expresiones del coloniaje que, incluso entre las páginas no pocos libros se deslizan tufos colonialistas desapercibidos incluso santificados por algunas sectas. Aunque se disfracen como “académicas”. No es recomendable idealizar la descolonización, hay que objetivarla y politizarla, presentar los desafíos crudamente. Comenzando por la autocrítica. No sea que en nombre de la “descolonización” estemos endiosando canallas y canalladas de moda, o estemos promoviendo esoterismos para anestesiar a los colonizados haciéndoles creer que la “descolonización” ya viene entre las páginas de algunos libros, la saliva de los noticieros o a lomos de cierta “buena voluntad” mesiánica.

 

Descolonizarnos no será obra de algún iluminado y sus amigos dueños de las “claves” y el storytelling culterano recomendándonos tener más paciencia. Es decir, renunciar a la organización con autogestión para abrazar la organización “aborregada”. Y olvidarnos de la lucha de clases, claro. Mucha igualdad de oportunidades y poca igualdad de condiciones.

 

Así las cosas, hay que descolonizar la economía hegemónica en su totalidad, la infraestructura y la superestructura indisociables siempre; pasar a examen a las iglesias con su historia y consecuencias; revisar la educación en todos los niveles, la salud, la vivienda y la clase de vida que nos imponen. Revisar los medios de comunicación y de cultura hasta detallar a qué intereses coloniales obedecen y combatirlos. Revisar al poder ejecutivo, al legislativo y al judicial. Sus taras y sus manías, sus demoras y sus injusticias hasta tener claro su papel en los procesos de colonización económica, política, ideológica y cultural. El saldo a priori es horroroso.

 

Descolonización no significa persecución histérica ni purga ideológica. Supone contrastación humanista minuciosa de lo que se tiene respecto a lo que se tuvo y nos fue arrebatado por la fuerza de las armas o el lavado de cerebros. Pero descolonizar significa fundamentalmente luchar por lo que se necesita para aniquilar la fórmula opresores-oprimidos y dar por terminada la explotación, el saqueo, la desigualdad, la injusticia y la infelicidad de la mayoría despojada por una minoría que vive con todos los privilegios… y bien sabroso. Como dicen que quería Cristóbal Colón para sus jefes.

 

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Fuente:

https://www.telesurtv.net/bloggers/Descolonizacion-cultural-y-comunicacional--20231207-0001.html

 

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lunes, 21 de agosto de 2023


 

[ 458 ]

 

EL ESTILO “ENERGÚMENO” EN LA COMUNICACIÓN POLÍTICA

 

Fernando Buen Abad

 

La agenda oculta de los iracundos y los odiadores no es otra cosa que la aceleración del saqueo de materias primas y la esclavitud laboral eternizada. A precio de represión inclemente y desapareciendo todos los derechos sociales ganados.

 

 

Apuntes para entender el “laboratorio” mediático desplegado en Argentina

 

Por su tradición de lucha, sus logros en educación y cultura, sus enormes contribuciones humanistas, científicas y culturales, sorprende y duele que en Argentina prosperen las antípodas del espíritu nacional y popular que más los ha inspirado y movilizado. Le llamaron algunos “la Atenas de América” y no es falso que en las décadas recientes sus avances económico-políticos la hicieron referente obligado para no pocos frentes de lucha. ¿Qué pasó? ¿Qué está pasando?

 

El presente argentino está enjaulado por el Fondo Monetario Internacional que entregó un “crédito” obsceno a un no menos obsceno expresidente de la derecha. Está Argentina atrapada en los estragos de la pandemia, los efectos de la guerra y una de las peores sequías de la historia. Y especialmente está atrapada en una muy débil y errática capacidad de comunicación. Paradoja de paradojas en un pueblo cuya cultura de la comunicación ha sido baluarte. Y está atrapada por el capitalismo que le recorre las venas abiertas de una economía que no logra ser soberana.

 

Por eso son más odiosas las formas y las ideas que se imponen con el protagonismo de la derecha y sus candidatos. A todos y todas nos reclama una autocrítica profunda porque esto ocurre en todas partes, en nuestras propias narices y pudiera conducirnos a un infierno de saqueo y explotación recargados por el estilo furibundo de la avaricia más depredadora.

 

Expliquémonos por qué en esa actividad, de la economía y la política, que debiera ser de razonamiento colectivo profundo, para resolver problemas de todos, algunos “políticos” se hicieron exitosos gritándonos con histrionismo ridículo, falacias, impostaciones, exageraciones y ofensas.

 

La “exaltación” que juega un papel recurrente, como ingrediente, no surte efecto en todo, ni siempre, y sabemos que una pieza oratoria jamás debe ser espectáculo monocorde, con berrinches pequeño burgueses, convencidos de que así llaman la atención y conmueven a los interlocutores.

 

Pataletas infantiles ahora convertidas en éxitos electorales. Cómo se impuso una insoportable moda discursiva, que se repite tercamente en la demagogia electorera, para someternos a episodios de palabrerío exaltado, inyectado con iracundia falsa y gesticulaciones ripiosas. Trump, Bolsonaro, Milei y muchos más. ¿Quién les dijo que así entendemos mejor?

 

Ha dedicado la derecha, sin freno alguno, recursos a granel para formar ejércitos de “predicadores” del odio de clase cuyo eje semántico primordial es oponerse a todo lo que implique voluntad social organizada. Van con furia contra el Estado, vociferan rabias teóricas contra el pago de impuestos, despotrican con rayos y centellas y disparan rencores y repudios contra todo sentido de comunidad que no sea el de ellos y que no sea para beneficiar a sus negocios.

 

La agenda oculta de los iracundos y los odiadores no es otra cosa que la aceleración del saqueo de materias primas y la esclavitud laboral eternizada. A precio de represión inclemente y desapareciendo todos los derechos sociales ganados.

 

Contra todo pronóstico, en algunos países el “modito energúmeno” de sus políticos pasa por ser creíble y distintivo de clase. Se inspiran en las rabietas patronales, en el efecto del “regaño del jefe” que pone más énfasis en la ira del dueño que en el problema al que alude.

 

Se trata del histrionismo burgués que sirve para humillar a quien escucha mientras parece que realmente le preocupan los problemas y las calamidades sociales. Fingen enojos de ocasión para mentirse y mentirnos. Se conturban y se contorsionan al ritmo del palabrerío inflamado con adjetivos y denostaciones. Miran fijo, fruncen el ceño, se frotan las manos y se alisan el pelo… sabiendo que los siguen las miradas, las cámaras y los micrófonos que son su “publico” y su alter-ego en el acto de onanismo dedicado a sí mismos en clave de furia moralista.

 

¿Qué “caldo de cultivo” ideológico es necesario para el “éxito” del estilo energúmeno? Sin un grado avanzado de individualismo es imposible la demagogia histriónica. Es necesaria mucha anti-política floreciendo a sus anchas en la Historia de cada pueblo y es condición necesaria el despliegue triunfante de los ejércitos mediáticos especialistas en desmoralizar a todo aquello que suponga participación colectiva para la resolución de los problemas sociales. La forma derrotando al fondo.

 

No se puede ser simplista, no se debe. Los éxitos del individualismo son confluencia multifactorial desarrollada durante mucho tiempo, en escalas múltiples y presentaciones diversas. Es un trabajo meticuloso, y en red, al que le toma tiempo y gastos envolver a sus víctimas con una “telaraña” donde la epopeya es obra de la pura voluntad personal, de la pura estética del odio a lo colectivo y la moral de la clase dominante experta en atacar todo indicio de organización en las bases. Su éxito es la confluencia del trabajo sistemático de la dominación ideológica en las casas, las escuelas, las oficinas, las iglesias, los estadios deportivos… donde la resolución de los enigmas vitales tiene por eje y dogma al individuo solo frente a su destino.

 

En las victorias del individualismo está el escenario de una lucha sorda muy desigual que lleva ventajas por décadas y presupuestos financieros a mansalva. No es posible un individualismo exitoso sin toda la obra ideológica monumental mass media del cine, la literatura, las artes y las religiones… que dan contexto y clima a las vociferaciones iracundas de sus mesías.

 

Han sido décadas y más décadas asaltadas por un plan de destrucción sistemática contra el sentido de la vida en comunidad. Contra la organización de las comunidades. En nuestras narices han operado con total impudicia e impunidad los artífices trasnacionales y sus cómplices de cabotaje, para hacer posible el surgimiento de sus catalizadores energúmenos operando como fuentes de odio y “descontento”, capaces de seducir hartazgos, desconsuelos, decepciones o revanchismos y convertirlos en votos suicidas. La víctima que vota por su verdugo.

 

 

 

 

Fernando Buen Abad Dominguez para La Pluma, 18 de agosto de 2023

 

https://www.lapluma.net/2023/08/20/el-estilo-energumeno-en-la-comunicacion-politica/

 

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sábado, 15 de julio de 2023


[ 433 ]

 

ESO QUE LLAMAN INTELIGENCIA ARTIFICIAL

 

Fernando Buen Abad

 

 

Por más entusiasmados que se muestren sus vendedores, no aceptemos esa “Inteligencia Artificial” de mercado como si fuese un logro tecnológico inocente. Más parece una emboscada para comerciar con el “big data” (y su saqueo de información) que, en la práctica, ha sido mayormente manipulación de datos para los negocios de la dictadura tecnológica imperial. No aplaudas la ingeniería burguesa para la alienación. Lo inteligente sería democratizarla. Del uso mercantil de la “Inteligencia Artificial” podemos esperar todas las canalladas (y peores) que el capitalismo nos impone y nuestra tarea científica es desarrollar una Semiótica para la Revolución de la Conciencia, armada con métodos y praxis emancipadas y emancipadoras. Aquí no omitiremos el tejido militar subyacente en todo desarrollo de coloniaje tecnológico.

 

Se supone que “Inteligencia Artificial” debiera ser herramienta auxiliar de la Inteligencia Social para resolver los problemas que asfixian a la humanidad. Que debiera ser arma emancipadora para dignificar la producción social del conocimiento y la vida. No emboscada de mercachifles. Esto no es una denostación del progreso ni de la tecnología, es una interrogación profunda sobre él, su veracidad y utilidad al servicio de qué de quiénes. Naturalizaciones del Espanto. Claro que escudriñamos el carácter contradictorio de la Inteligencia Artificial que, en el modo de producción burgués, tiende a manipular los productos del trabajo para encumbrar ganancias con el Caballo de Troya tecnológico de un “desarrollo” que sigue siendo la ley del amo para controlar a los pueblos, al tiempo que perfecciona las condiciones y las herramientas de dicho control en tiempos en que la IA va cobrando fama y aplicaciones todavía no explicadas ni consensuadas con los usuarios involucrados.

 

No pocos adoradores de la tecnología son fanáticos de cierta “eficiencia” que al capitalismo le resulta muy útil y refrescante. Alimentan sus anhelos de perfección productiva y rentable. Ese dogmatismo también es templo de no pocos ejecutivos de oficina, asistentes administrativos y mandos intermedios que son fanáticamente optimistas sobre los beneficios de la IA en la totalidad del proceso de producción, con ello reverencian la sensibilidad de sus patrones y la certeza de que son, cada día, más invencibles. Nosotros debemos estar advertidos y listos para ofrecer batalla científica des-alienante, en el corazón del propio proceso laboral incluso dentro de los campos científicos y académicos.

 

Dicen algunos que no se trata de omitir la intervención humana sino de perfeccionar sus capacidades. Desde 1956 John McCarthy la caracterizó, en el seno de la Conferencia de Dartmouth, como una diversidad compleja de especialidades que suponen su aplicación en campos del mercado, del entretenimiento o las actividades lúdicas, matemáticas, escritura y diagnóstico de enfermedades. Sostienen algunos que sintetiza, sistematiza y simplifica operaciones intelectuales complejas. Eso incluye algoritmos simples o vinculación con redes neuronales artificiales, símiles de funciones propias del cerebro humano, con ayuda de modelos de aprendizaje en escalas y profundidades diversas.

 

Lo que se llama hoy “Inteligencia Artificial” interpela una multiplicidad de fenómenos y problemas sociales históricos que exigen posicionamiento de disciplinas actualizadas para una Filosofía de la Tecnología honesta que en tiempo real y despliegue una ética para las máquinas. Especialmente ante el uso de los datos (la información) que tiene rango histórico conflictivo de clase porque se trata de un Derecho Humano Fundamental e inalienable. En 2019 la Comisión Mundial de Ética del Conocimiento Científico y la Tecnología (COMEST) de la UNESCO definió “Inteligencia Artificial” como producción tecnológica que involucra dispositivos con habilidades para copiar o reproducir funciones propias de la inteligencia humana, como el aprendizaje, el razonamiento, la solución de problemas, la interacción lingüística e incluso la producción de trabajos creativo y “arte”. Así de serio es el asunto científico y político.

 

En su fase actual, algunos dueños de las Inteligencias Artificiales como Alexa, el Google Siri, los traductores, YouTube, o “chatbots” como ChatGPT, y Tesla Autopilot… están empeñados en fabricarse prestigio como vanguardias seductoras para ganarse la confianza de un cierto “sentido común” al que suele dejar invisible la trastienda mercantil de sus inventos máquinas que “imitan” funciones cognitivas y el manejo o control procesadores, que almacenan datos (de propiedad colectiva) sobre un área para usar algoritmos, aprender de esos datos y manipularlos en toma de decisiones mercantiles. Eso incluye sensores físicos y sensores mecánicos, pulsos eléctricos u ópticos. Así de avanzados y así de peligrosos si no hay regulación democrática de su “desarrollo” y sus aplicaciones.

 

No nos amedrentan con oscurantismo tecnológico. Sabemos de sobra que la tecnología en manos del capitalismo es herramienta de saqueo, desinformación y opresión alienante. No nos toman el pelo con palabrerío “técnico”: “Inteligencia Artificial” a espaldas del pueblo es alienación. Ahora dicen que se trata de un “aporte” donde convergen las más avanzadas prácticas tecnológicas con sus metodologías, conocimientos, profesionales y líderes científicos reunidos bajo un mismo propósito que en realidad no es otra cosa que perfeccionar el armamento explotador del capitalismo para sobrevivir a sus propias crisis terminales. Esa versión de la “Inteligencia Artificial” (IA) intoxicada por la lógica de la mercancía, contra la humanidad, en realidad es una empresa “tecnológica” al servicio de las mismas ofensivas económicas y políticas, que son la esperanza de sobrevivencia del mercado mundial capitalista, que dice ser “la realidad”, sólo “la realidad” y nada más que “la realidad”. El modelo publicitario con que se vende, a sí misma la IA, anhela nuestra admiración y respeto. Nos pide defenderla con la vida porque enriquece a los medios, los modos y las relaciones de producción capitalistas. Y, dicen, que es por nuestro bien. Sube sus ganancias la Industria Militar.

 

Esa “Inteligencia Artificial” es una tentación a la que accede presuroso el Estado burgués, opuesto consustancialmente a la organización de las bases, especialmente de los trabajadores. Su “inteligencia” es audacia colaborativa costosa para apresurar la automatización coyuntural de los procesos de producción y la depauperación del trabajo mismo, pero con argumentos de “progreso tecnológico”. Simulación histriónica de las burocracias que siendo adoradoras del quietismo se estremecen extasiadas con la dinámica de esa “Inteligencia Artificia” que ayudará a frenarlo todo. Excepto las ganancias de sus jefes y dueños.

 

Su “Inteligencia Artificial” naturaliza un despliegue tecnológico “novedoso” para el secuestro añejo del plusvalor modernizado con la automatización de la producción hacia el plan supremo de aniquilar la competencia, consolidar monopolios y solidificar al imperialismo inteligentemente. Con su naturaleza inhumana, con una IA pensada para enriquecer las tareas de vigilancia y control social, de manipulación política, para modificar las subjetividades, para la invasión de la privacidad con productos inteligentes capaces de desfigurar la relación de los individuos con su contexto y consigo mismos. Una especie de sueño de la perfección donde es posible falsificarlo todo con el mínimo esfuerzo. Todo bajo control. Nuevo martillazo burgués sobre la tierra, el trabajo y el capital. ¿Inteligente?

 

No es suficiente percatarse de que con esa “Inteligencia Artificial” el capitalismo anhela multiplicar sus ganancias. Es preciso explicar qué debe hacerse contra eso. Qué tácticas y estrategias políticas y científicas hemos de consensuar para someter, por ejemplo, a una ética social participativa el uso de huellas dactilares, el reconocimiento biométrico, los archivos que acumulan identificación, que observan y miden la vida (gustos, hábitos, preferencias cotidianas) con “inteligencia” empresarial mientras no pocos adictos al burocratismo lo ven con “buenos ojos”. Qué hacemos para impedir que desde el Estado capitalista se ilusionen por el “desarrollo” de la IA y aplaudan su metabolismo cultural en el consumo, el comercio y las finanzas, con apologías al control, la vigilancia y el sometimiento de la población y hermosear tecnológicamente una idea “seguridad”, “confianza” y “felicidad” burguesa mientras trafican poder con los datos, su cantidad y su calidad… sus espejismos. En el contexto histórico, tecnológico e ideológico presente, la IA también es un disfraz ideológico, que esconde su verdadero motor que la Inteligencia del Mercado, es decir, el uso especulativo y de acumulación de clase. Esa es su “Inteligencia” verdadera, no la del bienestar humano sin excluidos.

 

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