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sábado, 9 de octubre de 2021



[ 012 ]

 


Los que pierden ‘el juicio’

 

“En la escuela de arbitristas políticos pasé mal rato. Los profesores parecían, a mi juicio, haber perdido el suyo; era una escena que me pone triste siempre que la recuerdo. Aquellas pobres gentes presentaban planes para persuadir a los monarcas de que escogieran los favoritos en razón de su sabiduría, capacidad y virtud; enseñaran a los ministros a consultar el bien común; recompensaran el mérito, las grandes aptitudes y los servicios eminentes; instruyeran a los príncipes en el conocimiento de que su verdadero interés es aquel que se asienta sobre los mismos cimientos que el de su pueblo; escogieran para los empleos a las personas capacitadas para desempeñarlos; con otras extrañas imposibles quimeras que nunca pasaron por cabeza humana, y confirmaron mi vieja observación de que no hay cosa tan irracional y extravagante que no haya sido sostenida como verdad alguna vez por un filósofo.”


(Jonathan Swift. “Viajes de Gulliver”)

 

 

 

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martes, 28 de septiembre de 2021




[ 006 ]

 

 

Eructa que algo queda…

 

“…los sabios eolistas afirman que el don de eructar es el acto más noble de una criatura racional. Y para cultivar dicho arte, y hacerlo más provechoso para la humanidad, se sirvieron de diversos métodos. En ciertas épocas del año, uno podía contemplar a sus sacerdotes, en gran número, con sus bocas abiertas de par en par de cara a la tormenta. Otras veces se les veía por centenares, unidos en cadena, formando círculo, cada uno con un fuelle aplicado al trasero de su vecino, mediante el cual se inflaban unos a otros hasta alcanzar la forma y el tamaño de un tonel; y por esta razón, muy apropiadamente, solían llamar vasijas a sus cuerpos. Cuando, mediante esos procedimientos y otros parecidos, llegaban a estar suficientemente repletos, partían de inmediato y hacían desembocar, en beneficio del bien común, una abundante ración de lo que habían adquirido en los morros de sus discípulos. Pues debemos advertir aquí que entre ellos se consideraba que toda erudición estaba compuesta por el mismo principio, pues, en primer lugar, se afirma o se admite, de manera general, que el saber infla a los hombres, y en segundo lugar, lo demostraban mediante el siguiente silogismo: las palabras no son sino viento, y las ciencias no son sino palabras, ergo, la ciencia no es nada más que viento. Por esta razón, los filósofos eolistas, en sus escuelas, impartían a los alumnos todas sus doctrinas y opiniones por medio de eructos, en lo que habían adquirido una maravillosa elocuencia de increíble variedad. Pero la gran peculiaridad que mejor distinguía a sus mayores sabios era la de cierta expresión de su semblante, que ofrecía una indudable información sobre hasta qué punto o proporción el espíritu agitaba la masa interior. Porque, expulsados los vientos y vapores después de algunos retortijones, y habiendo causado, por su turbulencia y convulsiones interiores, un terremoto en el pequeño mundo del hombre, les distorsionaba la boca, provocaba la hinchazón de sus mejillas y daba a sus ojos una especie de terrible relieve; en esas circunstancias, todos sus eructos eran considerados cosa sagrada, cuanto más agrios mejor, y tragados con infinito consuelo por sus exiguos devotos. Y para conseguir un efecto más completo, como el aliento de la vida humana reside en sus fosas nasales, así los eructos más selectos, más edificantes y más alentadores eran, por consiguiente, transmitidos a través de ese conducto, para darles ese matiz a su paso por él.”

 

 

[Fragmento de: Jonathan Swift. “Cuento de un tonel”]

 

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jueves, 23 de septiembre de 2021



[ 005 ]



Razones para antes, durante y después de una guerra…

 

“A veces, dos príncipes disputan para decidir cuál de ellos despojará a un tercero de sus dominios, a los que ninguno de ellos tiene ningún derecho. A veces, un príncipe pelea con otro por miedo a que el otro pelee con él. A veces, una guerra se emprende porque el enemigo es demasiado fuerte, y otras porque es demasiado débil. A veces, nuestros vecinos quieren las cosas que tenemos, o tienen las cosas que queremos; ambos luchamos, hasta que ellos toman las nuestras o nos dan las suyas. Es justificable invadir un país después que su pueblo ha sido devastado por el hambre, destruido por la peste o embrollado por las facciones internas. Es justificable entrar en guerra contra nuestro aliado más próximo, cuando una de sus ciudades resulta conveniente para nosotros o uno de sus territorios redondeará nuestros dominios. Si un príncipe envía fuerzas a una nación cuyo pueblo es pobre e ignorante, puede legítimamente matar a la mitad y esclavizar al resto, para civilizarlos y reducirlos de su bárbaro sistema de vida. Es una práctica muy regia, honorable y frecuente, cuando un príncipe necesita la asistencia de otro para evitar una invasión, que el asistente, una vez que ha echado al invasor, se apodere de los dominios, asesinando, encarcelando o desterrando al príncipe en cuya ayuda vino. La alianza de sangre o casamiento es suficiente causa de guerra entre los príncipes; cuanto más cercano es el parentesco, mayor es su disposición a la pelea.”

 

(Jonathan Swift. “Escritos subversivos”)

 

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miércoles, 22 de septiembre de 2021


[ 004 ]



¿Pertenece sólo al gobierno el derecho de acuñar mentiras políticas?



Jonathan Swift: “Hace falta más arte para convencer a la gente de una verdad saludable que de una saludable mentira. Tan verdadero es esto, que hubo en la historia política casos (los más numerosos) en que se convenció a algunos pueblos con mentiras y otros en los que la verdad tuvo que ser impuesta. Esta acotación es vaga por razones obvias, y el lector, que es inteligente, puede aplicarla según su juicio.”