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CARLOS MARX / FEDERICO ENGELS
CORRESPONDENCIA
Ferdinand Lassalle
68. DE MARX A ENGELS
Londres, 15 de agosto de 1863.
...Mi trabajo (el manuscrito para el impresor) está marchando bien en un sentido. En la elaboración final las cosas están tomando, según creo, una soportable forma popular, a excepción de algún inevitable M-D y D-M
( D = dinero, M = mercancía. Para su fórmula, ver El capital, vol. I, cap. III, Sección 2. (Ed.)
En cambio, aunque escribo todo el día, la cosa no marcha conforme a lo que mi propia impaciencia, después de esta larga prueba de paciencia, lo desea. De cualquier manera será en un 100 por ciento más fácil de entender que el Nº I
( Contribución a la crítica de la economía política (1859). (Ed).
Por lo demás, cuando miro ahora esta compilación y veo cómo he tenido que cambiarlo todo y cómo he tenido que redactar incluso la parte histórica con documentos de los cuales muchos eran completamente desconocidos, entonces Itzig me parece realmente chistoso, con “su" economía ya terminada, aunque todo el material que ha pregonado hasta ahora lo revela como un escolar que, con el más repugnante y ampuloso cotorreo de viejas, trompetea —como su último descubrimiento— principios que —y diez veces mejor— nosotros hemos estado distribuyendo como monedas entre nuestros partidarios hace ya veinte años. El mismo Itzig también colecciona, en su fábrica de abono, los excrementos de partido que hemos abandonado hace veinte años, con los cuales ha de ser fertilizada la historia mundial.
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69. DE ENGELS A MARX
Manchester, 4 de setiembre de 1864.
...Podrás imaginarte cómo me sorprendieron las noticias (de la muerte de Lassalle). Fuera lo que fuese Lassalle personalmente, o desde el punto de vista literario y científico, políticamente era una de las personas más importantes de Alemania. Para nosotros era por el momento un amigo muy inseguro, y en el futuro habría sido casi seguramente un enemigo, pero de todas maneras duele ver cómo Alemania arruina por entero a cualquiera que tenga algún grado de capacidad. ¡Qué regocijo reinará entre los industriales y los chanchos progresistas! Después de todo, Lassalle era el único tipo a quien temían en Alemania.
Pero ¡qué manera extraordinaria de perder la vida! Caer —este aspirante a Don Juan— seriamente enamorado de la hija de un embajador de Baviera, querer casarse con ella, chocar con un rival rechazado, que por añadidura es un estafador valaco, y dejarse matar por él. Esto sólo podía haberle pasado a Lassalle, con su peculiar mezcla de frivolidad y sentimentalismo, de judaísmo y pretensiones caballerescas. ¿Cómo podía un político como él entablar un duelo con un aventurero valaco?...
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70. DE MARX A ENGELS
[Londres] 7 de setiembre de 1864.
La desgracia de Lassalle ha rondado estos días horriblemente por mi cabeza. Después de todo seguía siendo de la vieja guardia y enemigo de nuestros enemigos. Y la cosa llegó de pronto tan sorpresivamente, que es difícil creer que una persona tan estridente, revoltosa y emprendedora esté ahora tan muerta como un ratón y haya tenido que callar para siempre. Tienes razón en cuanto a la causa de su muerte. Fue uno de los muchos actos faltos de tacto que cometió en su vida. A pesar de ello, lamento que en los últimos años se empañaran nuestras relaciones, si bien él tuvo la culpa de esto. Pero, en cambio, estoy muy contento de haber resistido las provocaciones de varios lados y de no haberlo atacado durante su “año de jubileo”.
El diablo lo sabe, el pelotón se achica constantemente, nada nuevo se le agrega. Por lo demás, estoy convencido de que si Lassalle no hubiera estado en Suiza, en compañía de aventureros militares y de revolucionarios de guante amarillo, esta catástrofe nunca hubiera ocurrido. Pero esta Coblenza de la revolución europea ejerció una atracción fatal sobre él una y otra vez.
La “hija de un embajador bávaro no es otra que la hija del berlinés Donniges, un colega suyo -en demagogia de Rutenberg y Cía. en la universidad, en sus principios uno de los jóvenes caballeros del pigmeo Ranke; o mejor, ya que no eran caballeros, jóvenes que acostumbraban a publicar espantosos viejos anales de los emperadores alemanes bajo su dirección. Lo que el fanfarrón y pequeño desenterrador Ranke consideraba espíritu de la historia —el fácil chalaneo de anécdotas y la atribución de todos los grandes acontecimientos a causas minúsculas y ordinarias— les estaba estrictamente prohibido a esos jóvenes de tierra adentro. Ellos debían confinarse a la “objetividad”, dejando el espíritu a su maestro. Nuestro amigo Dönniges era considerado en cierto modo como un rebelde, puesto que disputaba el monopolio del espíritu, mantenido por Ranke al menos en la práctica, y demostró de varias maneras que él era tan “valet” nato de la “historia” como Ranke...
[ Coblenza. Ciudad del Rin que durante la Revolución Francesa fue centro de los refugiados aristocráticos contrarrevolucionarios escapados de Francia.
Ranke, Leopoldo (1795-1886). Historiador alemán]
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