lunes, 9 de mayo de 2022

 

[ 128 ]

 

LA ESPECIE HUMANA

 

Robert Antelme.


[ 001 ]

 


“A mi hermana Marie-Louise,

deportada, muerta en Alemania.”

 

PRÓLOGO

 

Hace dos años, durante los primeros días que siguieron a nuestro regreso, creo que todos fuimos víctimas de un verdadero delirio. Queríamos hablar, ser escuchados al fin. Nos dijeron que nuestra apariencia física era bastante elocuente por sí sola. Pero acabábamos de volver, traíamos con nosotros nuestra memoria, nuestra experiencia totalmente viva y sentíamos un deseo frenético de decirla con pelos y señales. Sin embargo, desde los primeros días, nos parecía imposible colmar la distancia que descubríamos entre el lenguaje del que disponíamos y esta experiencia que, para la mayoría de nosotros, continuaba en nuestro cuerpo. ¿Cómo resignarnos a dejar de explicar cómo habíamos llegado a esto? Todavía seguíamos en ello. Y sin embargo, era imposible. Apenas empezábamos a contar, nos ahogábamos. Lo que teníamos que decir empezaba entonces a parecernos a nosotros mismos inimaginable.

 

Esta desproporción entre la experiencia que habíamos vivido y lo que podíamos relatar acerca de ella no hizo más que confirmarse a continuación. Así que efectivamente nos las teníamos que ver con una de esas realidades de las que decimos que superan la imaginación. A partir de ahí estaba claro que sólo mediante la elección, es decir, una vez más mediante la imaginación podríamos intentar decir algo al respecto.

 

He tratado de reproducir aquí la vida de un Kommando (Gandersheim) en un campo de concentración alemán (Buchenwald).

 

Hoy sabemos que en los campos de concentración de Alemania han existido todos los grados posibles de opresión. Sin tener en cuenta los diferentes tipos de organización que existían de unos campos a otros, las diversas aplicaciones de una misma regla podían aumentar o reducir sin proporción alguna las posibilidades de supervivencia.

 

Las dimensiones de nuestro Kommando establecían ya por sí mismas un contacto estrecho y permanente entre los presos y el aparato director de los SS. El papel de los intermediarios estaba de antemano reducido al mínimo. Daba la casualidad de que en Gandersheim el aparato intermediario estaba totalmente constituido por presos comunes alemanes. Así que éramos cerca de quinientos hombres, que no podíamos evitar estar en contacto con los SS, y no rodeados de presos políticos, sino de asesinos, ladrones, timadores, sádicos o estraperlistas. Todos ellos, bajo las órdenes de los SS, han sido nuestros amos directos y absolutos.

 

Es importante señalar que la lucha por el poder entre los presos políticos y los presos comunes nunca tuvo el carácter de una lucha entre dos facciones que pretendieran alcanzar el poder. Era la lucha entre unos hombres cuya finalidad era instaurar una legalidad, en la medida en que una legalidad fuera todavía posible en una sociedad concebida como un infierno, y otros hombres cuya finalidad era evitar a cualquier precio la instauración de dicha legalidad, porque solamente podían prevalecer en una sociedad sin leyes. Bajo ellos solamente podía reinar la ley de los SS al desnudo. Para vivir, incluso para vivir bien, no tenían más remedio que verse abocados a hacer más severa la ley de los SS. En este sentido han desempeñado el papel de provocadores. Han provocado y mantenido entre nosotros con un encarnizamiento y una lógica admirables el estado de anarquía que necesitaban. Desempeñaban perfectamente su papel. De este modo no solamente confirmaban ante los ojos de los SS la natural diferencia entre ellos y nosotros, sino que aparecían también ante sí mismos como auxiliares indispensables y que merecían, por lo tanto, vivir bien. Hacer que un hombre tenga hambre para tener que castigarlo después porque roba peladuras y, con esta acción, merecer la recompensa del SS y, por ejemplo, obtener como recompensa la sopa suplementaria que hará que aquel hombre esté más hambriento, tal era el esquema de su táctica.

 

En consecuencia, nuestra situación no puede compararse con la de los presos que se encontraban en campos o en Kommandos cuyos responsables eran presos políticos. Incluso cuando estos responsables, como sucedió, se dejaban corromper, era poco frecuente que no conservasen cierto sentido de la antigua solidaridad y un odio hacia el enemigo común que les impedían llegar a los extremos a los que se abandonaban sin mesura los presos comunes.

En Gandersheim nuestros responsables eran nuestros enemigos.

 

De manera que, al ser el aparato administrativo un instrumento, incluso el más agresivo, de la opresión de los SS, la lucha colectiva estaba destinada al fracaso. El fracaso era el lento asesinato llevado a cabo por los SS y los kapos reunidos. Todos los intentos que algunos de nosotros realizamos fueron vanos.

 

Frente a esta coalición todopoderosa nuestro objetivo resultaba totalmente insignificante. Se trataba únicamente de sobrevivir. Los mejores de nosotros no han podido librar nuestro combate sino de forma individual. Incluso la solidaridad se había convertido en un asunto individual.

 

Cuento aquí lo que he vivido. El horror no es gigantesco. En Gandersheim no había ni cámara de gas, ni crematorio. El horror ahí es oscuridad, falta absoluta de referencias, soledad, opresión incesante, lento aniquilamiento. El resorte de nuestra lucha no habrá sido más que la reivindicación enloquecida, y casi siempre solitaria por sí misma, de seguir siendo, hasta el final, hombres.

 

No creemos que los héroes que conocemos, de la historia o de la literatura, aunque hayan clamado al amor, a la soledad, a la angustia del ser o del no ser, a la venganza, aunque se hayan rebelado contra la injusticia, contra la humillación, se hayan visto obligados a expresar, como única y última reivindicación, un último sentimiento de pertenencia a la especie.

 

Decir que entonces nos sentíamos impugnados como hombres, como miembros de la especie, puede parecer un sentimiento retrospectivo, una explicación posterior. Sin embargo, eso es lo que vivimos de forma más inmediata y percibimos constantemente. Y, por otra parte, eso es exactamente lo que desearon los otros. El hecho de cuestionarse la cualidad de hombre provoca una reivindicación casi biológica de pertenencia a la especie humana. Más tarde sirve para meditar sobre los límites de esta especie, sobre su distancia de la «naturaleza» y su relación con ella, por tanto sobre cierta soledad de la especie y, en fin, sirve sobre todo para concebir una visión clara de su unidad indivisible.

 

1947

 

 

 

[ Fragmento de: Robert Antelme. “La especie humana” ]

 

*

2 comentarios:

  1. El principio rector de la clase dominante llevado a sus más totalitarios e inhumanos extremos. Algo que está ocurriendo hoy mismo.

    Según testimonio de Richard Black, coronel de los marines de EEUU:
    https://schillerinstitute.com/blog/2022/04/26/video-col-richard-black-u-s-leading-world-to-nuclear-war/

    "Instalamos un centro secreto de actividades especiales de la CIA compuesto por una especie de “James Bond's” de la Agencia, unos tipos capaces de cualquier cosa y para los que no existen restricciones. La guerra no existía en Siria hasta que enviamos a la CIA a coordinarse con elementos de Al Qaeda. Así iniciamos la guerra.

    Estados Unidos se ha apoderado de dos partes significativas del norte de Siria Siria. Allí desplegamos tropas ilegalmente, en contra cualquier ley internacional, fue una usurpación. A esto se refirió John Kerry, entonces Secretario de Estado, que frustrado por la tremenda victoria de las Fuerzas Armadas Sirias contra Al Qaeda e ISIS dijo: "bueno, probablemente tengamos que pasar al Plan B". No explicó entonces cuál era el Plan B, pero se fue viendo con el tiempo. El Plan B era la ocupación del territorio que es la cesta del pan de todo el pueblo sirio. Siria tenía un excedente significativo de trigo y la gente estaba muy bien alimentada antes de la guerra. Queríamos arrebatarles el trigo y matarlos de hambre.

    Además, nos apoderarnos de la mayor parte de los campos de petróleo y gas natural, situados también en esa parte del norte más allá del río Éufrates. La idea era que, robándoles el petróleo y el gas podríamos paralizar su sistema de transporte y al mismo tiempo, durante los severos inviernos sirios, podríamos matar de frío a la población civil, que en muchos casos ya vivía entre escombros, donde ahora la gente vivía en huecos entre escombros.

    Matar de hambre y congelar hasta la muerte a la población siria: ese era el Plan B.

    Llegó un momento en que nos sentimos frustrados de que estos sirios, estos malditos sirios, esta pequeña población, este pequeño país se nos resistiera. ¿Por qué son tan resistentes? Están luchando contra dos tercios de toda la fuerza militar e industrial del mundo. ¿Cómo puede una nación de 23 millones de personas soportar esto durante más de una década? Así pues, decidimos que teníamos que tomar medidas o perderíamos Siria por completo. De modo que el Congreso de los Estados Unidos impuso a Siria las llamadas sanciones Caesar, las más brutales jamás impuestas a una nación. Ni siquiera durante la Segunda Guerra Mundial se impusieron sanciones tan estrictas como las que se impusieron a Siria.

    No estábamos en guerra con Siria, y sin embargo le impusimos un bloqueo naval y devaluamos su moneda a través del sistema SWIFT, lo que les imposibilitó la compra de medicamentos."

    Salud y comunismo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En un comentario en Arrezafe, 22 abril 2022

      “…desde un punto de vista ideológico, la aniquilación de la ideología fascista no es una cuestión sencilla. […] Lo que debe ser destruido son las raíces espirituales y morales del fascismo.”

      Georg Lukács (1946)

      Salud y comunismo

      *

      Eliminar