sábado, 1 de julio de 2023

 

 

 

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Diarios:  A RATOS PERDIDOS /  3 y 4

 

Rafael Chirbes

 

 

 

13 de mayo / 2005

 

 

Encuentro en Salamanca con Miguel Sánchez-Ostiz. No nos conocíamos, pero nos reconocemos. Velada gozosa, brindis, confidencias, abrazos. No sé si él está más solo que yo, probablemente sí, pero también es verdad que posee otra energía, una rabia que lo mantiene en permanente estado de exaltación y lo lleva -además de a procurarse toda forma imaginable de sufrimiento- a no parar de escribir. Quién pudiera encauzar así la tristeza. Investiga el mundo de Pamplona, el furor cainita de los vascos -acaba de terminar un libro sobre Baroja- y esa turbina lo hace girar sobre los mismos temas, encontrándoles nuevas perspectivas, añadiéndoles matices inesperados. Es verdad que se mueve en espiral, que no puede salir de ese vórtice, e pur si muove. Se puede descubrir el sinsentido de lo humano en esas peleas entre familias, entre clanes; en el frenesí de las comilonas y borracheras; en la sangre vertida en una cadena inacabable de asesinatos. Investiga, indaga, hace crecer su paranoia, y, para ayudarse en la tarea, se busca nuevos enemigos con cada línea que escribe, hace que crezca el número de quienes querrían que no hubiera existido.

 

Conoce el medio en el que se mueve como los biólogos modernos conocen cada una de las aves que nidifican en los espacios naturales: las han visto nacer, las han anillado, conocen el destino de sus migraciones, y las aguardan en el viaje de vuelta, las pesan cada vez que se las reencuentran, las miden, hasta les han puesto un nombre. Ostiz conoce individuo por individuo a los habitantes de su comunidad, sabe su comportamiento y el de sus antepasados ante los avatares de la historia que les ha tocado vivir; de qué familia proceden, con quién comen, esnifan y beben hoy y con quién lo hacían años atrás y con quienes comieron, bebieron y mataron sus padres y abuelos: conoce las indignidades cometidas o heredadas, el crimen originario sobre el que levanta su fortuna o su miseria cada cual. Es un molesto entomólogo de su país.

 

 

 

[ Fragmento de: Rafael Chirbes. “Diarios: A ratos perdidos 3 y 4” ]

 

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1 comentario:

  1. Muchos años después:

    RAFAEL CHIRBES EN EL BLOG DE SÁNCHEZ-OSTIZ

    “Esta tarde tengo el compromiso de ir al Museo Nacional Reina Sofía a hablar un rato de Rafael Chirbes, un autor y una persona a quien admire como escritor y estimé como persona. Lo conocí no como escritor sino como gastrósofo cuando me encargó (en 1990) un artículo para la revista Sobremesa. Echo en falta sus apoyos y muestras de afecto que sigo agradeciendo, ahora que no puedo expresárselo. ¿Escribir sobre Chirbes? ¿Para quién? Es mucho lo ya escrito sobre él. Las entrevistas son muy ricas de contenido. Poco puedo añadir. Sí que voy a contar por qué me gusta tanto Chirbes: por el desdiós social que me tocó conocer en mi vida laboral, desde una promotora-constructora a las bajezas del periodismo cultural, pasando por el delito y los abusos que conocí como abogado. Chirbes, una mezcla de rebelde inacallable, hedonista refinado y desencantado en pie de guerra permanente, plasmó de una forma admirable, galdosiana si se quiere, ese mundo de trampa permanente y cartón de trileros, miseria social sin paliativos, clases sociales en las que «solo se puede entrar a punta de navaja» (me dijo en una ocasión) nuevos ricos y viejos franquistas, especuladores y ladrones, y también su disgusto consigo mismo, su propia guerra interior, algo que resulta incómodo para el lector si este coge vela en ese entierro. Decepción, desilusión, desasosiego, nada es como parecía que podía ser, nada es como se desea, nada… no sigo. Solo soy un lector que coge tea de la mano de sus escritos y con ella intenta atravesar la ciénaga”.



    Fuente:

    https://vivirdebuenagana.wordpress.com/tag/rafael-chirbes/

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