lunes, 31 de agosto de 2026


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CONTRAHISTORIA DEL LIBERALISMO

Domenico Losurdo

 

 (…)

 

capítulo sexto

 

LA LUCHA POR EL RECONOCIMIENTO DE LOS INSTRUMENTOS DE TRABAJO EN LA METRÓPOLI Y LAS REACCIONES DE LA COMUNIDAD DE LOS LIBRES

 

 


 Jeremy Bentham

 

 

 

LA NUEVA AUTORREPRESENTACIÓN DE LA COMUNIDAD DE LOS LIBRES COMO COMUNIDAD DE LOS INDIVIDUOS

 

 A la reivindicación revolucionaria de los derechos del hombre y de igual dignidad para cada individuo, que corre el riesgo de fragmentar la sociedad «en el polvo y en la grava de la individualidad [Individuality], fácil presa de todos los vientos», Burke contrapone el carácter sagrado de una partnership, de una comunidad que «no vincula solo a los vivos, sino a los vivos, a los muertos y a aquellos que no han nacido aún», que «ata desde los orígenes y para la eternidad» a sus miembros, gracias a un «vínculo de sangre» (relation in blood) que une y funde en una unidad indisoluble «nuestro Estado, nuestros hogares, nuestros sepulcros y nuestros altares». Es decir, contra el individualismo reprochado a los revolucionarios franceses el liberal inglés hace valer un organicismo enfático. No por casualidad la partnership celebrada por él pasa a ser más tarde —en el ámbito de la cultura alemana— esa Gemeinschaft que desempeña un papel tan importante en el círculo del pensamiento conservador y reaccionario de los siglos XIX y XX. También en Tocqueville se encuentra otra denuncia de la carga de disolución que hay en el individualismo revolucionario y en 1843 observa: «Desde hace algunos años la duda y el individualismo han hecho tales progresos entre nosotros que pronto la nación no tendrá ningún punto de apoyo para resistir».

 

 

Pero ya en el curso de la revolución francesa comienza a configurarse una actitud distinta. Barnave alerta en estos términos contra la reivindicación de la extensión de los derechos políticos también a los no propietarios: «Un paso más en la vía de la igualdad significaría la destrucción de la libertad». También según Constant, la difusión entre las masas populares de la reivindicación de los derechos políticos y el acento puesto sobre su disfrute amenazan con hacer perder de vista la centralidad de la «independencia privada», o sea, de la «independencia individual», estimulando el «sometimiento de la existencia individual al cuerpo colectivo». Aunque con un lenguaje diferente, reaparece la argumentación de Barnave: la generalización de los derechos políticos tiene un efecto de nivelación y homologación en detrimento de la libertad del individuo.

 

 

Más tarde Guizot declara que luchar por una sociedad donde todo gira alrededor del «orden», del «bienestar» y de una equitativa «repartición de los frutos del trabajo» significa olvidar «el desarrollo de la vida individual, de la vida interior» y aspirar a un «hormiguero».

 

 

Es un motivo que disfruta de un enorme éxito después del 48. Cuanto más se desarrolla la lucha por el reconocimiento en cuanto lucha por la conquista de los derechos políticos y de los económicos y sociales, tanto más el movimiento popular y socialista es acusado de no comprender y por tanto, de querer pisotear la dignidad autónoma del individuo. Al rechazar las reivindicaciones sociales que tuvieron su origen en la revolución de febrero, Tocqueville expresa todo su disgusto cuando ve asomarse en el horizonte el espectro de una «sociedad nivelada», o sea, de una «sociedad de abejas y de castores» constituida «más por animales amaestrados que por hombres libres y civilizados». Y John S. Mill, a su vez: «Ahora los individuos se pierden en la multitud […]. El único poder digno de tal nombre es el de las masas o el de los gobiernos que se hacen órgano de las tendencias e instintos de las masas». Por tanto, y en vuelco de posiciones con respecto a Burke, ahora el liberalismo reprocha a las corrientes más radicales no ya el individualismo, sino el desprecio a las razones del individuo. Tocqueville trata de ofrecer un fundamento epistemológico a esta acusación: al conferir «a la especie [espèce] una existencia separada» y al ampliar «la noción de género [genre]», radicalismo y socialismo no son otra cosa que una aplicación a la política de la «doctrina de los realistas» de la tradición escolástica; de esto resulta «el desprecio por los derechos particulares» y la desvalorización del individuo en cuanto tal. Pero ¿cuál es el valor de esta construcción teórica? Es interesante ver de qué manera Tocqueville rechaza las propuestas de reforma del sistema penitenciario promovidas, en primer lugar, por el movimiento radical y socialista:

 

 

    «Cuando la filantropía suscita nuestra piedad por un infeliz aislado, no debemos olvidarnos de reservar un poco de nuestras simpatías por un interés mayor aún, el de toda la sociedad. Desconfiamos de esta mentalidad estrecha y mezquina que distingue a los individuos y nunca a la masa de los hombres y recordemos eternamente este pensamiento de un gran filósofo: la piedad para los malvados es una gran crueldad hacia los buenos […]. El interés social, que no es otra cosa que el interés de la masa honesta, exige que los malvados sean castigados con severidad».

 

 

 

Hasta el diagnóstico preocupado de la masificación se lleva a cabo con un ojo dirigido al destino de la «nación considerada en su conjunto»; que ahora amenaza con revelarse «menos brillante, menos gloriosa, quizás hasta menos fuerte». También en nombre de una idea enfática (y chovinista) de nación Tocqueville invoca el «terror» contra aquellos que amenazan con comprometer el honor de Francia.

 

 

También en el plano concreto Tocqueville se preocupa por hacer valer aquellas que para él son las exigencias de la sociedad. En los años de la monarquía de julio, ante la rápida difusión de la miseria de las masas, él no logra proponer otra cosa para prevenirla que medidas policiales gravemente lesivas para la libertad del individuo (del individuo pobre): «¿No se podría impedir el traslado rápido de la población, de manera que los hombres no abandonen la tierra y no pasen a la industria sino en la medida en que esta última pueda responder fácilmente a sus necesidades?». Restricciones a la libertad de movimiento también deberían ser impuestas a los «vagabundos».

 

 

Aunque empeñado en denunciar la expansión del Estado, «la gran catástrofe constituida por una inútil extensión de su poder», por otra parte Mill no vacila en afirmar: «Las leyes que en un gran número de países del continente prohíben el matrimonio, si antes no prueban las partes que pueden sostener una familia, no exceden de los legítimos poderes del Estado; y lo mismo si estas leyes son útiles como si no lo son […] no se podrá nunca decir de ellas que constituyen una violación de la libertad». La visión según la cual no es lícita ninguna «interferencia» en la procreación de la vida humana es «una superstición, que un día será vista con el mismo desprecio reservado a las nociones y a las prácticas idiotas de los salvajes». Se comprende la ironía de Proudhon a propósito de la escuela liberal:

 

 

    «Esta que en cualquier circunstancia y en cualquier lugar profesa el dejad hacer, dejad pasar, que reprocha a los socialistas que sustituyen con sus convicciones las leyes de la naturaleza, que protesta contra cualquier intervención del Estado, que reclama a diestro y siniestro la libertad, nada más que la libertad, no vacila, cuando se trata de fecundidad conyugal, en gritar a los esposos: ¡alto ahí! ¡Qué demonio los incita!».

 

 

 

En la confrontación entre el liberalismo y sus críticos, se habían invertido las posiciones en lo que respecta al laissez faire al individuo. Disgustado por el radicalismo de la revolución del 48 y por el golpe de Estado de Luis Bonaparte, Tocqueville llega a una conclusión amarga: «La revolución de Inglaterra ha sido hecha únicamente con el fin de lograr la libertad, mientras que la de Francia ha sido hecha con el fin lograr la igualdad». La crítica también golpea la cultura de la Ilustración que prepara y promueve el derrumbe del Antiguo Régimen: en esta cultura a una segura «pasión por la igualdad» le corresponde un «amor por la libertad» bastante «incierto». Como sabemos, el primero en contraponer libertad e igualdad y en denunciar la reivindicación de la igualdad política como un ataque a la libertad ha sido Barnave, quien además es un defensor de la esclavitud. Tocqueville pone como ejemplo de país modelo del amor por la libertad, junto con Inglaterra, a Estados Unidos —cuando allí la esclavitud continuaba viva y vital— frente a una Francia devorada por la pasión por la igualdad. Por otra parte, precisamente en la república del otro lado del Atlántico, a través de los teóricos del Sur, la esclavitud es justificada y hasta celebrada como instrumento para asegurar también, junto con la libertad, la igualdad de los miembros de la comunidad blanca. Como confirmación del carácter problemático de la contraposición libertad/igualdad podría presentarse el Tocqueville de antes del 48, quien le reprocha a Inglaterra una concepción errada de la libertad, en cuanto fundada en el «privilegio» (y en la desigualdad), y atribuye a la revolución francesa el mérito de haber promovido, en nombre de la igualdad, la causa de la abolición de la esclavitud y de la libertad de los negros. En este momento, lejos de estar en contraposición, libertad e igualdad se encuentran en consonancia plena.

 

 

La contraposición se representa, de manera sensiblemente distinta, en otro importante exponente de la tradición liberal. En Bentham podemos leer:

 

«Cuando la seguridad y la igualdad están en conflicto, no hay que vacilar ni siquiera un instante: debe ceder la igualdad».

 

 

Justo en el país señalado por Tocqueville como modelo por su capacidad de comprender la prioridad absoluta del valor de la libertad, vemos que la reafirmación del valor subordinado de la igualdad se hace, en primer lugar, en nombre de la «seguridad» de la sociedad y del ordenamiento existente…

 

(continuará)

 

 

 

 

[ Fragmento: Domenico Losurdo. “Contrahistoria del liberalismo” ]

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1 comentario:

  1. ... "la piedad para los malvados es una gran crueldad hacia los buenos". Exacto. La piedad ha de destinarse a paliar los errores de los buenos, no a eximir de sus crímenes a los malvados. "Todos los iraníes inocentes que han sido martirizados serán vengados. Es solo cuestión de tiempo" (General de brigada Shekarchi).

    Salud y comunismo

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