sábado, 10 de junio de 2023

 

[ 402 ]

 

LA GUERRA DE LOS POBRES

 

Éric Vuillard

 

 

 

El sermón a los príncipes

 

 

“ (…) Sí, Müntzer airado, furibundo, da un paso más. Escribe al elector Federico, de quien el conde es vasallo; pero se acabó el tono empalagoso, se acabaron las reverencias. Tras evocar que a los príncipes no deben temerlos quienes hacen el bien, Müntzer alza el tono, lo alza ahora un punto más, lo alza ascendiendo a lo alto de la horca de su padre, donde la cuerda está anudada al palo, a lo alto del infortunio y de la injusticia, y desde allí, tras invitar a Su Alteza a deplorar el medio de que se valen los príncipes para hacerse temer por los pueblos en vez de hacerse amar, evoca la espada, amenaza:

 

De no ser así, se les arrebatará la espada y se entregará ésta al pueblo airado.

 

Ya está, puede que eso se oiga por primera vez: se les arrebatará la espada y se entregará ésta al pueblo airado . ¡Cómo suena, qué bien sienta!

 

Al poco tiempo, se le convoca ante el duque Juan, el príncipe heredero, el alguacil, el burgomaestre y el concejo, con el fin de que se hagan una idea más concreta de la doctrina de semejante hombre. Pero en vez de la justificación que esperaban, he aquí que Müntzer se pone a comentar un sueño, y no uno cualquiera, sino el de Nabucodonosor, aquel en que Daniel anuncia al rey el final de su reinado. Cae la cabeza de oro. Se resquebrajan los pies de arcilla. Todos los reinos que suceden al de Babilonia serán destruidos salvo uno. Ése es indestructible, y es el reino de Dios.

 

A los príncipes no les hace gracia que se evoque ante ellos la destrucción de los reinos. La idea les apesadumbra. El sueño de Nabucodonosor es una profecía que no augura nada bueno.

 

Y Müntzer no se limita a hacer una exégesis clásica, la temperatura sigue subiendo. 

 

Cita a Juan:

 

«Todo árbol que no da buen fruto será cortado y arrojado al fuego».

 

Cita a Lucas:

 

«Traed a mis enemigos y decapitadlos delante de mí».

 

Cita los Salmos:

 

«Dios quebrará los jarrones viejos con vara de hierro».

 

¡Qué violento es de pronto, cómo le sube la furia por la garganta! Y en esa tremenda diatriba desliza algún insulto chusco, con aterradora seriedad. Pero, sobre todo, en vez del buen pueblo de Dios al que se invocaba desde siempre, ese buen pueblo mudo, digno de lástima y apocado, al que se le concedía su espurreo de agua bendita, Müntzer introduce otro, más invasor, más tumultuoso, un pueblo de verdad, los pobres laicos y campesinos . Lejos estamos del afable pueblo cristiano, esa generalidad de catecismo, aquí hablamos del hombre corriente.

 

Y ese pueblo apesta, y gruñe, pero también piensa. Imaginen, pues, la ingrata impresión que debe de producir, entre las palabras facinerosos, espada, ruinas, degolladlos, este fragmento de frase: los pobres laicos y campesinos . A los príncipes no les ha gustado. Y he aquí que, al final de su sermón, las expresiones ira de Dios, ira de Cristo, ira de la sabiduría divina se repiten de continuo. Ante esa parroquia de grandes, Müntzer evoca a Absalón perdido, atravesado por los venablos; los nobles ponen mala cara, pero la cosa va a peor:

 

niega que la situación pueda resolverse de modo amistoso.

 

Sin duda ha torcido la boca en ese momento, de modo amistoso, no, no funcionará, se requiere la prueba de fuego, les dice, contra quienes se escandalizan a la menor palabra. Porque los poderosos no ceden nunca nada, ni el pan ni la libertad. Y en ese preciso momento pronuncia ante ellos su frase más terrible. Ante el duque Juan, ante el príncipe heredero, el alguacil Zeiss, el burgomaestre y el concejo de Allstedt, tras su alusión a lo de la espada, los pobres, Nabucodonosor y la ira de Dios, he aquí que Müntzer dice:

 

 

HAY QUE MATAR A LOS SOBERANOS IMPÍOS …”

 

 

 

 

 

[ Fragmento de: Éric Vuillard. “La guerra de los pobres” ]

 

 

*

 


6 comentarios:

  1. ¡Caray con Müntzer! Qué clarito lo tenía.

    Salud y comunismo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. He leído estos días en sesión continua los cinco libros que tengo de Éric Vuillard: «La batalla de Occidente», «14 de julio», «El orden del día», «La guerra de los pobres», «Una salida honrosa»…

      Una gozosa experiencia lectora que ha resultado tan apasionante como instructiva. Vuillard escribe libros breves pero densos, y tiene una especial maestría para «fundir» la ficción novelística con el más riguroso ensayo histórico. Un autor excepcional, y de los nuestros… que te recomiendo.

      Salud y comunismo

      *

      Eliminar
    2. Gracias, Luis. El lunes intentaré conseguir esos libros.

      Eliminar
  2. Yo los tengo en formato digital (epub). Si te viene bien te los puedo enviar por correo electrónico.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues a mí me viene de maravilla. Los he buscado en la red (gratis, claro está, dada mi paupérrima pensión) pero no los he encontrado. Si por tu parte no hay inconveniente...
      Este es mi correo: loambart@gmail.com

      Eliminar
    2. Ya los tienes en el buzón.

      Eliminar